Dormir contigo

Abro mis ojos de vez en cuando para ver que sigas aquí. Simplemente no lo puedo creer. Toda la noche en mi cabeza el pensamiento ha sido el mismo “Wow, al fin, por fin, es toda mía”. Suspiro sonriendo mientras acaricio tu hombro y la emoción me tiene mudo. Ya está amaneciendo y como llevo planeando este momento tanto tiempo, me acerco a tu oído para susurrarte que te amo, que no te levantes, que te tengo una sorpresa. Te doy un largo beso en la frente y me levanto. Antes de salir del cuarto volteo a verte, ¡eres tan hermosa!

Antes de cualquier cosa, pienso en mi rutina. Pienso en las cosas que voy a preparar, en toda esa comida que compré y que me dispongo a cocinar y hasta en eso encuentro felicidad pues aunque es la misma que vengo consumiendo durante años, sé que la del día de hoy será muy distinta, infinitamente especial. Cojo la bolsa del pan y saco unas cuantas rebanadas. Jamás había estado tan duro y rugoso este pan como hoy que pienso en tus dulces labios, los labios que por tanto tiempo soñé tocar, acariciar, esos labios rosas perfectos, exquisitos. Se me ocurre calentarlo en el micro pues la tostadora de pan lo volverá aún más duro. Encuentro el sartén y mientras preparo mi magnífico omelette recuerdo toda nuestra historia antes de hoy. La encuentro bastante cliché. El niño retraído y nada atractivo enamorado de la princesa más popular (siempre he odiado ese adjetivo) del colegio. Recuerdo con pena nuestro primer contacto. Nefasto. Patético. “Sin dolor no te haces feliz” dice una canción de La Ley y la encuentro de lo más estúpida, pese a que no puedo estar más de acuerdo con ella. Sólo por eso me permito recordar, amargarme este sublime momento recordando ese día.

No acostumbro comer en la calle, más por mi precaria situación que por considerarlo de mal gusto, sin mencionar el hecho de que todo se contamina. Ese día dejé ganar al antojo y me compré un gaspacho. Es de lo más difícil comerlos con la híper mini cuchara que le dan a uno y por lo mismo, sufría para hacerlo. Estaba tan concentrado en no derramar, no tropezar y no dejar de comer que fue hasta que escuché tu voz que levanté la mirada. “Uy, qué rico” fueron las primeras palabras que escuché de ti mirando hacia mí. Los nervios se apoderaron de mí y olvidando completamente las reglas básicas de urbanidad, te puse el vaso en la cara mientras pronunciaba algo parecido a un “¿Quieres?”. El Destino o Dios o Las Leyes de Murphy siempre se ensañan contra nosotros, la gente a la que le cuesta hacer amigos, ser interesante, caer bien o poseer ese “algo” que hace que las demás personas deseen estar con nosotros. Los astros dispusieron que en ese momento algún gorilón de los que practican americano pasara tras de mí y empujara mi escuálido ser para dejar tu preciosa cara cubierta de jugo de naranja, limón y chile. Habría deseado que tu reacción fuera distinta, un poco más… discreta, pero todo ese ácido debió lastimarte los ojos en serio. El aceite está listo, saco los huevos.

Noto mi mirada perdida y mi rencor hacia el pasado. Sonrío otra vez y doy gracias a la vida por el que haya llegado este día, esta mañana que estás conmigo después de todo eso. Música. Se me estaba pasando poner música para dejar bien grabado en nuestras mentes este bello momento. Jazz, jazz será. Sigo preparando el desayuno y mi mente vuela hasta ese día que marcó el comienzo de toda esta alegría, el día que me decidí hacerte mía. Después de ese día, todo salió a pedir de boca. Terminamos juntos en el coche y me atreví a acariciarte la pierna. Te llevé en mis brazos desde la puerta de mi departamento hasta mi cama. Las emociones que me llenaban entonces han y serán siempre las más hermosas de mi vida. La mujer que más me ha gustado, por la que tantas veces suspiré, al fin en mis brazos. Al depositarte con cuidado en la cama, me dediqué a disfrutar tu ser sin tocarte. A media luz me dejé maravillar por tu aroma, por tu figura, por tu manera de vestir, por tu cabello. Ahora caigo en cuenta de mi boba sonrisa mientas termino de prepararte el desayuno que con más esmero he preparado en mi vida. Todo es perfecto, huele delicioso. El café exótico. El jugo ni muy ácido ni muy dulce y perfectamente bien colado. Las rebanadas de pan suaves y calientitas (lo del micro fue una excelente idea). Mi omelette perfecto. No me atrevo a probarlo porque no quiero arruinarlo, pero sé que te encantará.

Llevo con toda mi ilusión todo esto que te preparé sobre una charola y me detengo a mirarte justo en la puerta del cuarto. Me miras fijamente y yo te sonrío de la manera más dulce que la felicidad de mi alma logra hacerme sonreír. Intentas decir algo, pero no lo haces. En el fondo, deseo que se deba a que, como a mí, la felicidad te tiene invadida.

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Acerca de Wayito

I'm a very special nobody.

10 Respuestas a “Dormir contigo

  1. ¿La tiene secuestrada? LOL

  2. No… con una chingada: no está muerta.

  3. pabmxster

    si esta secuestrada, no?

  4. pabmxster

    a por cierto te quedo chido

    • Mil gracias, ahí tengo más, pa’cuando gustes y tengas un rato. Se supone que la dinámica del post de esta es que después de cinco días sea revelado qué putas fue lo que vivió el protagonista, así que patience.

  5. facil, el wayito por fin consiguio novia

  6. Kwz y Prozak se llevan los trofeos de sensibilidad/empatía a la hora de leer. El protagonista acecha por largo tiempo, secuestra y deja inconciente a la mujer que le gusta. Luego en su casa la amordaza y la… mh… estem… “le hace el amor”. No es para nada complicado, sólo es la versión de un acto criminal por parte del stalker.

  7. romanninsky

    pero despues de cogersela la mata y le hace el desayuno

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