M83

Cuando se dio cuenta de que había soñado, el mismo agujero negro apareció. Esta vez no como una magnífica curvatura en el tejido, pero como un cometodo interior.

Veías planetas, nebulosas, estrellas, Andrómeda pasar. Te saludaban y sonreían, bailando al compás de las luces que no creías existiesen.
Te dijeron que el negro era peligroso, malo, desafiante. No se equivocaban.
Acumular tanto vacío puede hacerle daño a tu corazón.
Pero eres feliz, muy feliz, tan feliz como alguien puede ser.

Y comencé a llorar. Lloraba como un pollo sin lombriz, y mi mente no traía un paraguas. Le pedí perdón, pero mi júbilo era incomparable, no podía cerrar mis ojos, ni mi mente, ni mis sentimientos. Simplemente lloré. Lloré y lloré. Lloré hasta que desperté.

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