Las aguas embravecidas

Más de una ocasión me han cuestionado el por qué tengo a mi propio padre en el concepto en que lo tengo. Y hay un motivo por el que ya prácticamente no hablo de él: la gente suele dudar de la veracidad de las anécdotas que muy de vez en cuando comparto, por motivos que se me escapan. Como si decir la poco halagadora verdad fuera algo que yo hiciera buscando popularidad o no sé qué se imaginarán. Varias veces han tratado de aleccionarme, argumentando que él no es “malo” sino que sus esfuerzos por demostrar cariño y consideración simplemente han salido mal “ocasionalmente” y que, si lo pienso, seguro que las cosas buenas tienen más peso que las malas a la hora de ponerlas en la balanza de la justicia. Hasta me han dicho textualmente “no creo que lo que nos contaste la otra vez sea verdad”.

Y bueno ¿qué se supone que haga yo entonces? ¿Comenzar a contar mentiras halagadoras solamente porque son más fáciles y más creíbles?

Así que aquí les va una anécdota que, aunque no estoy del todo seguro de su significado e implicaciones, sin duda servirá para ilustrar la imprudencia y clara falta de sentido común de este hombre.

Tendría yo menos de 8 años y estábamos en un paseo con familiares y amigos de mis papás en un bosquecillo, creo que en el municipio de Venado en SLP aunque puede que la memoria me traicione. Había un río cerca y al poco tiempo todos estaban ya nadando. El río en si era angosto, flanqueado por grandes piedras y en esa época del año estaba muy cargado de agua, de modo que el flujo era rápido y violento en las zonas angostas, que eran como 99% del río. Creo que mas que río, calificaba como un rápido. Nadie se hubiera aventurado a meterse al agua de no ser porque había un pequeño recodo, de baja profundidad y bastante amplio, que formaba una especie de alberca muy cómoda para refrescarse debido a que la corriente ahí era mínima. Yo andaba felizmente chapoteando de un lado para el otro.

Por motivos que aún no soy capaz de comprender, mi papá decidió que sería “divertido” meterse en las aguas rápidas. Conmigo a cuestas. Aclaro dos cosas, primero no llevábamos salvavidas de ningún tipo y yo no sé nadar. Segundo, de acuerdo a todo el mundo mi papá no estaba bajo la influencia del alcohol ni ninguna otra droga.

La escena fue más o menos así:

Papá: vamos a meternos más para allá *señala una zona en  la que el agua va por lo menos a 20 km/h y choca violentamente contra las rocas, además hay lo que parece un remolino poco amistoso*

Kurazaybo: no

Mamá: se ve un poquito peligroso y el niño no sabe nadar

Familiar lejano:  no creo que sea buena idea, no se vaya a lastimar, compadre

Papá: *carga a Kurazaybo y se mete a las aguas embravecidas*

Supongo que esta historia es como aquellas del Selecciones del Reader’s Digest al estilo de “¡Atacado por un oso!” en la que ya saben que no fallecí por el simple hecho de que lo estoy escribiendo. Lo que sucedió a continuación no lo tengo del todo claro en cuanto los detalles. Nos desplazamos unos metros por la orilla, mi papá aferrado a las rocas y yo a él. Entonces nos arrastró el río y después todo se vuelve un poco borroso, entre la espuma, las corrientes, las piedras y el agua penetrando en las vías respiratorias.

Yo salí de ahí con rasguños, golpes y moretones. Una lesión en la rodilla derecha que hasta la fecha me molesta cuando hago algún esfuerzo, aunque por fortuna no parece afectarle el frío. Todavía. ¿Mi papá? pues salió arrastrándose y más o menos en las mismas condiciones, aunque francamente no podría importarme menos.

Soy incapaz de señalarlo con claridad pero ese día algo se rompió entre nosotros y desde entonces tengo en todo momento muy presente que no siempre hay que hacerle caso a los mayores y a nuestros padres. Si alguna vez se encuentran en una situación así, yo les recomiendo morder en el cuello a la persona que los arrastra a la perdición y alejarse rápidamente de ahí.

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Una respuesta a “Las aguas embravecidas

  1. Man, ese hombre padre tuyo si es peligroso, y aunque si he dudado de ti en repetidas ocasiones con respecto a esas anecdotas por darle el beneficio de la duda a tu padre, (es que en verdad es casi inverosimil lo que cuentas) he llegado a entender que si es peligroso y extraño. Como es lo usual con los adultos en mayor o menor medida.

    Buena suerte en salirte de tu casa pronto.

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