Muerte en la montaña

En lo que a mi respecta, la gente que me rodea esta parada sobre hielo delgado.

Hay días en que en que la capa resiste increíblemente, y otros en que es tan delgada que un solo paso la resquebraja. Las personas ni siquiera se dan cuenta de ello, supongo que debería colgarme un letrero del cuello advirtiendo sobre ello, pero no me interesa, no me importa.

Luis.

Bueno, eso de allá arriba no es mi manera de pensar. Al contrario, yo soy de esos amantes a la antigua esas personas que nunca se dan por vencidos con otro ser humano. No importan los problemas o dificultades que puedan presentarse, mientras esa otra persona tenga para mi cierto valor, ahi estaré.

He pasado por muchas situaciones, desde ver que la persona más insospechada se convierta en alguien escencial en mi vida o vivir en carne propia el desengaño y contemplar como aquello en lo que puse tantas energías y tiempo de mi vida se desmorona por haber elegido a la persona equivocada. En esos casos sacudo la arena de mis sandalias y me voy.

Y es que no hay nada que ver ahí, chavos. Síganle caminando.

Yo no tengo problema con dar el cortón definitivo a alguien. No me gusta hacer drama (si acaso hago comedia podrida) y difícilmente me escucharán hablando mal de aquellos a quienes he dejado atras.

Con el tiempo puede que nos topemos de vez en vez, tales son los caprichos del destino. Pero para mí, han muerto. Son mis fantasmas.

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