“Pray ‘cause nobody ever survives…”

JUDITH Maximilian no era una persona a quien el miedo le fuera desconocido, pero sabía controlarlo.
Provenía de una larga línea de grandes cazadores de monstruos y demonios, y había enfrentado circunstancias -y criaturas- que le helarían la sangre y harían perder la cordura a más de uno.

Eso no evitaba que estuviera sentada, a mitad de la noche, bajo un cielo nublado, viendo cómo el viento jugueteaba con algunos mechones de su cabello plateado.

Y escuchando.

Escuchando los temibles gemidos de criaturas espantosas, traídos hasta ella por el mismo viento.
Inhumanos sonidos, como un lamento, demasiado bestial para ser humano, pero suficientemente articulado para parecerlo.

El brillo de los faros de un auto la sacó de su reflexión. Un moderno deportivo se aproximó y se detuvo a su lado.
La ventanilla bajó, y el rostro de un atractivo y sonriente joven fue visible.

– ¿Qué haces ahí sentada?

Judith se incorporó y se acercó al auto.
– No hay paso más delante. Todos los caminos están bloqueados por automóviles que parecen haber sido abandonados. Te sugiero que dejes el auto aquí.

– ¿Bromeas? ¿Y si le pasa algo?

– Yo nunca bromeo. Además tampoco parece haber alguien que pudiese interesarse en un auto como este.

El joven la miró meditabundo un segundo, luego otra enorme sonrisa llenó su rostro, pero ésta parecía burlona.
– Hey Jude, ¿no será que tienes miedo y por eso estabas esperándome?

El más leve rubor pareció dar un poco de color a las pálidas mejillas de la joven.
– ¡Julius! ¡No seas irreverente! – Apretó los puños y miró al piso, recuperando el dominio de si. – Además no es mucho, son sólo un par de kilómetros. Corremos mas cuando trotamos por las mañanas.

El joven la miró, exhibiendo ahora una mueca entre la vergüenza y el arrepentimiento.

Viéndolo ahora, serio y maduro, el parecido entre ambos era evidente. Él era Julius Maximilian, otro cazador, hermano mayor de Judith, y uno muy bueno en ambas labores -la física y la filial-.

Sin mediar otra palabra adelantó el auto, lo orilló al lado del camino y descendió, ajustándose al cinturón algunas cosas prácticas: su navaja, una lámpara y un pequeño bolso lleno de otros objetos que podrían ser útiles. Del lado derecho, al alcance de su mano y acariciando el mango, suave al tacto, portaba con cierto garbo, un látigo, mortal en sus expertas manos.

– Vamos pues.

La joven asintió. Se delataba en ella, en su modo de andar, moverse y expresarse, cierta elegancia y dignidad. Esto hubiera sido notorio a cualquiera, si hubiera habido alguien más, aparte de ellos que observara. Pero el único testigo era el letrero que pronto adelantaron, y que rezaba “Raccoon City: 3 Km.”.

.-.-.-.-.-.-.-.

Esta es la Introducción a un fanfic que estaba escribiendo, con personajes originales de mi amiga Akira Rodhernan, y, obvio, de Resident Evil…

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Acerca de NekoKain

Between jobs, hard-working librarian. Cat lover. Enjoys a good coffee with a good book. Avid reader. Occasional Tweeter.

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