Dave

M83

Cuando se dio cuenta de que había soñado, el mismo agujero negro apareció. Esta vez no como una magnífica curvatura en el tejido, pero como un cometodo interior.

Veías planetas, nebulosas, estrellas, Andrómeda pasar. Te saludaban y sonreían, bailando al compás de las luces que no creías existiesen.
Te dijeron que el negro era peligroso, malo, desafiante. No se equivocaban.
Acumular tanto vacío puede hacerle daño a tu corazón.
Pero eres feliz, muy feliz, tan feliz como alguien puede ser.

Y comencé a llorar. Lloraba como un pollo sin lombriz, y mi mente no traía un paraguas. Le pedí perdón, pero mi júbilo era incomparable, no podía cerrar mis ojos, ni mi mente, ni mis sentimientos. Simplemente lloré. Lloré y lloré. Lloré hasta que desperté.

Kids with guns

Karma Chameleon

Yo no sé nada de reinvenciones.

Soy una cobarde y vivo en mi enorme búnker de confort. Hay un libro que leí ayer llamado Scaredy Squirrel. Yo soy así. Especialmente por la noche. O cada 28 días.

Lo que sí sé de las metamorfosis es que me gusta leerlas y me gusta verlas. Me encanta saber la historia de las personas, creo que cuando sabes de dónde viene alguien, le puedes dar una palmada en la espalda y comprender mucho más. Y a mí me gusta comprender mucho más.

Mi mamá es muy valiente, y se reinventa todos los días. A veces para mejor, otras para peor. Pero lo que importa es que es muy cambiante, y la admiro por eso. Yo quiero permanecer en este estanque, por lo menos hasta que algún ave me diga “¡Oye, sapo! Mira acá arriba, ¡es precioso! ¡Ven!”. Por supuesto que con mis patéticas habilidades sociales eso no pasará, así que tendré que apostar por algún otro suceso que sea factible.

En resumen, tengo miedo. Mucho más que mi mamá. De todo. Sólo espero que, cuando llegue mi hora, no me reinvente en algo como Paulina Rubio.

¡Hola!

No me gusta ser la última, o estar retrasada (en todos los sentidos), así que hoy me pondré al tanto.

Al parecer nací hace 18 años, de un par de jovencitos rebeldes y amorosos. Tan rebeldes que, a cabo de 8 años de matrimonio, no se soportaron más, y explotaron como masa condensada *PIURFF* por el espacio.

A decir verdad, esto nunca me ha preocupado mucho, porque siempre estuve acostumbrada a todo lo que incluye el fabuloso paquete de los papás separados (por unos miles de pesos más, llévese el nuevo DivorcioRex, ¡sus hijos lo amarán!).

Mi educación pre-escolar, primaria y secundaria estuvo metida en institutos de monjitas pervertidas y malvadas (una, en especial, tenía cataratas y me daba mucho miedo porque se parecía al saltamontes de Bichos). Por lo tanto, por supuesto, me convertí en una seudopunk desafiante, contestona, saltarina, altanera y apocalíptica. La pesadilla de una escuela.

Al llegar a la hora del bachillerato, estuve dos semestres en el Tec de Monterrey, en un grupo sumamente complicado. Mis compañeros eran la leche de la crème brûlée. Así que me aburrí y me enfilé al Frente Unido de los Autodidactas.

Hasta aquí, nada es interesante. Y no, no son los únicos que lo piensan.

Creo ser bastante solitaria, pero no parece molestarme demasiado. Sólo a veces quisiera saber qué se siente llegar a casa y que alguien te espere, o recibir llamadas que no sean de tu mamá, o ir a caminar con alguien que no sea tu mamá (o tu sombra).

Me encuentro bien, pero aburrida. Y es aquí donde comienza mi hilo de inspiración insípida para la próxima publicación.

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