Los Dos Amigos

Toño y Juan son amigos desde hace mas de 7 años, desde el primer dia en que se conocieron, Toño llego a la capital procedente de Monteverde, un pueblo en la sierra oaxaqueña, de Juan poco se sabe, solo que tiene mas de 8 años vagando y se rumora que su familia lo abandonó; los dos son muy buenos amigos, tienen mucho en común y pocas diferencias, bueno a veces no se ponen de acuerdo quien debe cargar la guitarra… A pesar de todos esos años juntos ellos no se conocen, son invidentes, viven de los que les regala la gente en la calle o por cantar en los camiones…

El día para ellos empieza a las 7 de la mañana bajo el puente de las riberas que es donde pasan la noche, el frío de la mañana no es un buen despertador pero no hay más, solos con su guitarra, bastones y la ropa que llevan encima, la situación económica ha empeorado, por ser ciegos no cualquier chofer los deja subir a su camión a ganarse el día….

A las 7:15 mas o menos pasan al puesto de Doña Meche a comprar lo que será la única comida del día, 2 quesadillas y un atole, a veces la señora se compadece de ellos y les obsequia pan del día anterior para aguantar la dura jornada…

Después de caminar mas de 4 kilómetros por fin llegan a la central camionera en espera de algún urbano no muy lleno pero tampoco vacío, Toño el mas joven y mas listo jala a Juan y lo ayuda a subir al camión… Temas de José Alfredo Jiménez, Juan Gabriel y hasta del Recodo integran su repertorio, la gente muchas veces los mira con indiferencia, casi nadie cree que sean invidentes por el hecho de andar solos por la vida…

-ya casi nadie coopera

Comenta Juan mientras bebe agua de su botella amarillenta que llenan en las fuentes de la ciudad…

-Ten fé, ya nos caerá algo

Responde Toño algo desesperado pero sin demostrarlo a su amigo…

Asi transcurre el resto del dia entre camiones, ruido, largas caminatas y tropiezos, hambres y desesperación… cuando calculan mas o menos que es la mitad de la jornada buscan un lugar fresco donde descansar, Toño le da pan y agua a su amigo y lo anima para que no decaiga…

-ya viene la quincena y la gente carga dinero, nos irá bien

Juan solo se limita a sonreir, las lágrimas se acabaron hace mucho tiempo, de vez en cuando les dan ganas de tomar mezcal pero no hay como comprar o conseguirlo… antes se juntaban con el escuadrón de la muerte de la central a tomar, pero desde que les robaron sus monedas ya no van…

Cuando la noche empieza a caer preguntan a la gente en la calle por el camión hacia las riberas, el frio los obliga a regresar pronto al puente donde sus cartones y periódicos los esperan para pasar una noche mas, ninguno de los dos imagina que el próximo lunes la familia de Toño por fin lo encontrará y lo llevará de regreso a Monteverde, ninguno de los dos imagina que dentro de 28 días exactamente Juan morirá en el albergue del municipio, abandonado y sin alguien que llore por él, nadie sabrá si fue de tristeza por el abandono de su amigo o por el cáncer pulmonar que padece desde hace meses… nadie se dará cuenta de su ausencia en los camiones, Doña Meche ya no tendrá a quien regalar el pan del dia anterior y yo… yo me quedaré con los 5 pesos en la bolsa que les regalaba por escuchar una de José Alfredo…

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Bala Perdida

“Siempre habrá momentos en tu vida en que desees ser una bala perdida”.  Anónimo

Juan “Cogedor sin Ley” se reinventa

El día que hui del pueblo ayudado por  Samantha vine a dar a los Estados Unidos, anduve vagando en varios condados, siempre mendigando para comer ya que por la rodilla mala tenía que recuperarme,  así estuve por espacio de 6 meses hasta que me establecí en Austin allá en Texas. Un día entré a un restaurant a solicitar trabajo, ayudé a lavar platos por unas piezas de pan y una soda y me quedé con el puesto.

Poco a poco fui aprendiendo el oficio y escalando  posiciones en el trabajo y también en la confianza de Arturo mi jefe.

Arturo era un mexico-americano como de 52 años, amable, trabajador y con muchas ganas de triunfar, y si que iba por muy buen camino. Al cabo de 1 año yo ya era encargado del restaurant y mi jefe se ocupaba de administrar los otros 3 negocios que ya tenía.

Tengo que resaltar que yo era un chingón como encargado y en general para los negocios… siendo sinceros   la ayuda de la esposa de Arturo fue lo que me sacó adelante,  era mi supervisora.

Mary era rubia de ojos azules como el cielo, 38 años, con un perfecto español mexicano, senos, cintura  y caderas de ensueño. En mis ratos de ocio le platicaba de mi vida en el pueblo, más o menos le dije mis “verdades” del porque salí huyendo, eso sí lo caliente que yo era nunca se lo omití, en el fondo me la imaginaba desnuda en mi cama.

Pasaron 2 meses y Mary estaba de tiempo completo en el restaurant ayudándome, era una gran persona conmigo aunque un poco dura en su trato, yo aprendía muy rápido pero aún así desconocía cosas del negocio.

– Aplícate Juan que hay que sacar la cuenta.

– Otra vez no hiciste completas las compras de la semana.

– Bueno  por qué chingao andas tan distraído?

– Si no pueden los meseros ayúdalos cabrón!

Y  la que más me pegó e hizo que cambiara mi vida, un día que nos asaltaron y entregué la cuenta del día…

– Para todo la cagas Juan, te estás apendejando, o te pones listo o te comen el mandado, pinches errores contigo… Eres un pendejo como todos los de tu raza. REINVENTATE CHINGAO!!

Me lo dijo botándome mi pago semanal en la cara… me ardió hasta el culo!

Para ese entonces yo ya tenía mis quereres con ella, y esa noche del incidente le puse una cogida que nunca olvidaría. También tengo que destacar que Mary no mezclaba la “amistad” con el negocio, delante de todos era la esposa del dueño, tan imponente ella.

Así seguimos un tiempo, cogiendo a diario y regañándome todos los días, su pasión en la cama era casi tan perfecta como su dureza en el trabajo, era tan caliente como yo y dábamos rienda suelta a esos deseos, sus regaños me los pagaba en la cama, en la camioneta, en las mesas del restaurant, en el motel, en la cocina, en su casa, en las escaleras, en todas partes y siempre de madrugada para no despertar sospechas.

Dicen que del buen sexo nace el amor y alguien de los dos se tenía que enamorar: Mary me lo confesó un día que al revisar mi pago vi que era mucho más de lo que yo ganaba.

– Esa será tu paga ahora, ve ahorrando por si tenemos que irnos algún día.

Solo asentí con la cabeza, esos no eran mis planes y poco tiempo después todo se fue a la mierda, de eso gran culpa la tuvo Michelle, una mesera recién contratada, mexicana de 18 años, mi recuerdo de Samantha renació con esa mujer.

Aún tengo presente el día que nos encontró Mary en plena faena. Michelle acostada en la mesa del almacén, la falda del uniforme enrollada en la cintura, los senos por fuera de la blusa,  las piernas levantadas y recargadas en mi pecho,  yo penetrándola salvajemente y ella gritando, digna escena para un punto de quiebre.

Mary se me fue encima a golpes y a Michelle la corrió. Dicen que no hay nada más peligroso en el mundo que una mujer despechada, Mary me pateaba y golpeaba… ah y no hay nada que me encabrone más que me golpeen el rostro. A la segunda cachetada que me dio le solté un golpe entre ceja, oreja y jefa… Mary cayó al piso llena de sangre.

– Por qué si yo te amaba?

Me reclamó, yo solo callaba, enfurecido y sin saber que hacer.

– Me cambiaste por una vieja que nunca te dará el dinero que yo.

– Yo te hice, yo te saqué de la pobreza, yo te di de comer, estaba dispuesta a dejar a mi familia por ti.

– Eres un poco hombre, por qué me hiciste esto?

Mirándola a los ojos recordé aquella vez que me botó el dinero, que me humilló…

– y tú  me humillaste lo recuerdas? Pues seguí tu consejo y me reinventé… vieja pendeja!

Y  salí de aquel restaurant  para nunca más regresar. Así fue como Juan “Cogedor sin Ley” aprendió a nunca más dejarse pisotear.

Yo Soy “Juan Cogedor Sin Ley”

A estas alturas ya muchos saben que vivo en los Estados Unidos, pero no saben el motivo, la verdad es que vivo en el exilio, no por crimen, no por deudas, no por cosas fuera de la ley…. O tal vez sí.

Fui el mayor de dos hermanos, el más precoz, el más despierto, el más extrovertido y el más culero por así decirlo, ah también el más sexoso.

Mi despertar al sexo comenzó por ahí de los 13 años, con mi maestra de matemáticas en secundaria, aquella viuda buenona del pueblo. Al morir don Chachá su marido, dio rienda suelta a su pasión, cuarentona reprimida sexualmente y yo un chamaco chaquetero conociendo las mieles de una mujer en plenitud. Confieso que esa relación no duró mucho porque descubrí que no era el único adolescente que se la follaba y me rompió el corazón, al poco tiempo salió embarazada de un chavo banda, el costeño le apodaban, 23 centímetros se tragaba la condenada…. Según la pandilla por eso me cambió.

La segunda mujer en mi vida fue la vieja del tendero, siempre me atraían las mujeres ajenas, maduras, de treinta para arriba, Se hablaba que Asunción, don Chon el tendero era un hijo de la chingada, que según había matado hacia años a un pretendiente de Maria su esposa, poco me importaba ya que mi calentura era más grande que el miedo y su vieja más fácil que la tabla del dos… y dos eran los palos que diario le echaba a su señora detrás del mostrador. A los pocos meses don Chon nos cachó en plena movida, sacó tremendo revolver de entre sus ropas y se abalanzó sobre mí, a punto de disparar le dió un infarto, yo solo me oriné pero sobreviví, él del hospital ya no salió.

Dejé un tiempo a las mujeres, el trauma me hizo alejarme de María la viuda del tendero, pasaron los meses y de repente convencía a alguna compañera de ir al rio pero no era lo mismo, solo cerraban los ojos y se dejaban hacer, yo quería una madura que me enseñara. Un día mi madre me obligó a ir a misa, ahí conocí a doña Sofía, vieja persignada de 42 años con un marido parapléjico, la mujer perfecta. Con el pretexto de prepararme para mi primera comunión empecé a frecuentarla, ella me enseñaba las oraciones yo le acomodaba su ferretería, a los pocos días también le acomodé otra cosa entre las piernas y ya no me dejó, la primera comunión se fue posponiendo meses, dos abortos y varios sustos sufrió doña Sofía, al año exactamente me aburrí y la cambié por otra, la comunión nunca la hice.

La amistad de mis padres con el Presidente del pueblo me hizo trabajar en su casa, era un milusos, la hacía de jardinero, mandadero, barrendero, chafirete, etc. Su esposa una vieja mamona como de 50 años, güera buenota, alta y de clase según ella. Todos los días nadaba la señora en la alberca a las 2 de la tarde, todos los días le llevaba la toalla para secarse. Un domingo de verano su esposo viajó a la capital y la servidumbre descansó, a mi me citó con el pretexto de arreglarle unas plantas, le arreglé otra cosa y algo más. Mantuvimos una relación por espacio de 5 meses hasta que se embarazó y me alejé, según ella el hijo era del Presidente, aunque yo le heredé la barba partida, eso sí, de manera inconsciente.

Muchas señoras del pueblo desfilaron en mi vida, de muchas broncas me salvé, hasta la amante del cura pasó por mis armas, doña Lucrecia se llamaba. Solterona pero con más experiencia que puta de cantina. A diario al salir de la escuela me metía a su casa, a ella le metía otra cosa y también era feliz… Felicidad efímera a fin de cuentas. Esa relación duró poco tiempo porque el padre se dio cuenta y me excomulgó, me robé las limosnas y los milagros del santito pretextó, al segundo día aparecieron como por arte de magia, nadie le creyó.

Viejas más, viejas menos y la leyenda de Juan cogedor sin ley siguió creciendo, se murmuraba que mi hermano los mismos pasos seguía, claro que el alumno nunca superaría al maestro. Tino mi carnal era un poco más alto que yo, pero moreno como tizón y en la cama no creo que se moviera como este pinche cogelón. Tino empezó a andar con la hija del boticario, Samantha hermosa como una flor, nombre de teibolera, 16 años y blanca como el algodón. La verdad es que a mi nunca me gustaron tan niñas e inexpertas. Un día de mayo Samantha llegó a la casa a buscar a Tino, al no encontrarlo me pidió la acompañara a sus terrenos por elotes, su mamá cocinaría un rico chileatole juraba la pinche chamaca. Pasamos las horas platicando y cortando elotes, entre risa y risa, elote y elote nos enamoramos, corríamos por los surcos, y entre tanto juego ahí mismo cocinamos, le di el chile y luego el atole. Que rico cogía Samantha verdad de Dios. No nos dimos cuenta del tiempo y seguimos dándole rienda suelta a la pasión, cuando entre la milpa con escopeta en mano Tino se asomó. No pude ni explicar, no me dejó ni murmurar y muchos menos defenderme, soltó el primer escopetazo y parte del plomo en mi rodilla se alojó, Samantha gritaba e imploraba que no me matara, que éramos hermanos, por suerte estaba una piedra a mi lado y la cabeza le estrellé. Ella misma me sacó del pueblo en su camioneta y me prestó dinero, así vine a dar a los Estados Unidos.

La historia de Juan cogedor sin ley continúa hasta la fecha, creo que el odio de mi hermano también, aún después de más de 20 años mi gusto por las de 16 como Samantha sigue intacto, de las maduras ni me acuerdo… ah y de mi rodilla, solo cuando hace frio me recuerda que a la vieja del hermano se respeta.

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