Némesis Tropical

Trato de no actuar sin mirar bien mis pasos, pero termino en el  mismo cuarto lleno de gente observándome, el sueño que aplasta mis ya muy muertas pupilas… la vida, las preguntas y sobre todo las respuestas, sin olvidar a mis verdaderos amigos… los puntos suspensivos…

Las miradas intranquilas me acompañan, cuando quieren ser intranquilas, y sobre todo no soportan quedarse quietas, me quieren apachurrar, tratar de convencerme que actúo mal, que ellas tienen razón, que no merezco la vida que me invente, que soy un farsante, un perdedor , un lánguido muñeco de trapo que con gusto las sonrisas malvadas se  pusieron a jugar..

Eh aprendido a no preocuparme por lo que habla la gente que dice detestarme…  en lugar de eso una ligera somnolencia me invade…cierro los ojos y me transporto a otro lugar, no necesariamente bueno, no necesariamente malo..

Suena una pequeña música tropical de fondo, dos segundos de vacaciones por hoy. Una playa azul con arena blanca y palmeras. Está ligeramente nublado, hay una brisa marina fuerte e ignota que me trae los secretos de lugares que nunca conoceré, de gente que no tengo que descifrar. Rompo estructuras, rompo ideas, me carcajeo ante mi futilidad, ¿soy rebelde? No lo creo… carcajeo sin parar hasta que mi estomago no puede más… me gusta el sueño que tengo hasta ahora, me gusta tener sueño.

We all love it… Sonrisa.Camino.Saludar.Besar.Querer.Desear.Tranquilizar.Divertir

Hoy vivo en una cabaña a la orilla del mar, con una cerveza en la mano, con mis amigos, con mis momentos…Por los siguientes tres segundos todo es hermoso …no quiero acabar este post..

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Lenguaje que no dice nada

A veces uno mismo se juega malas pasadas.
Y a veces el destino pone las cartas a tu favor y en tu contra al mismo tiempo.
Pensamientos mezclados y miedo a tener razón; miedo a que todo se caiga en pedazos (por enésima vez). Miedo a tener miedo de tener miedo.
Todo, al final es un escondedero de cosas. Él sabe que yo sé pero finge que no lo sé, así como yo finjo que no sé ni que sabe que yo sé ni que lo sé. El otro finge que no sabe nada, cuando yo sé que sabe, pero no sabe que yo sé. Tu sabes que todos sabemos, pero nadie hace nada. ¿complejo? No lo sé.
Puedo perderme –como siempre- en la sintaxis y decir todo lo que quiero sin decirlo, y poner contradicciones contradiciéndose, librándome así de cualquier responsabilidad por lo escrito, tal cual este blog. ¿lo haré? ¿En realidad tengo suficiente miedo de destruir todo? Siempre tengo miedo… miedo injustificado por alguna razón desconocida. La confusión tiene respuesta, y clara, pero me niego a verla; velos autoimpuestos. Tu tranqui, ignorame.

El pastel es bien chafa

Me puede doler el sueño o me puede sangrar el alma, me puedo quejar mucho y puedo buscar significados subyacentes en los gritos que escucho, en un cuarto rosa y dulce, pero no inocente; puedo sentirme mal por simplemente ser otro que fui dejando de ser, o puedo gritar, solo gritar al compás del ritmo al que danzan las estrellas antes de volverse turbias y desaparecer . El mal humor que me es intradiergético se convierte en un lamento profundo, en un terror oscuro y primigenio perseguidor de todo lo bueno, dios libre a los hombres de bien de tomarse en serio a sí mismos. Los ligeros ruidos de la escritura semi-automática se escuchan como las teclas, una tras otro, pero las gotas tienen una cadencia mucho más hipnotizante, un rico olor a galletas recién hechas, un calor inconfundible, una sonrisa peligrosa, grasosa, espumosa y mortal..
Adolescencia hirviendo en lo profundo de tus ojos, rellenos de dudas e inseguridades. Escapar puede resultar mejor a corto plazo, pero… ¿a largo plazo? Me pregunto si los sueños, en cualquier caso, sueñan con notros.
Se supone que eras la chica con la que me aburriría las tardes de verano y con la que conocería muchos pueblos de alrededor de la ciudad. Contigo tenía que comer peyote y tenía que vivir con una falta de planes. Tú deberías haberme ayudado a limpiar mi casa, para luego ir por cervezas y estrenarla. Yo debería haberte ayudado en tu mudanza. Tú eras la chica que los jueves venía a casa a ver una película. Yo era el sujeto que debía soportar tus críticas pasivo-agresivas.
Tú y yo deberíamos de mentarnos la madre seguido, porque nos llevamos bien… pero ahora solo habrá un respeto muy cuidadoso.
Chale.

Deca-dencias

Toda la parte de la armonía termina por romperse tarde o temprano.

Existen cosas que no te agrada del todo  hacer y es mirar tanto pasado bailando frente a ti, como si te fuera ajeno, sin reconocerlo, como si nunca hubiera sido tuyo. Sentado desde la balaustrada de un teatro con tantos años de antigüedad, mirar aquel arlequín con su falda levantada, te susurra querer arrancarle las piernas y que se quede ahí… Inmóvil

Este pensamiento te obliga a necesitar un par de manos hábiles, lo suficiente como para moldear, aplastar, redondear y hacerle agujeros a ese pasado con los dedos. Tóma mi pasado como si fuera jabón liquido que se escurra por los recuerdos lánguidos…, no le tengas un gramo de piedad, ¡Juega con él!, al fin y al cabo ya no podrás ver nunca que lo compartes, que jugando con él juegas también con el tuyo.

Diviértete, entonces.

Un sueño de un aprendiz de loco

Un avión parte de algún aeropuerto irreconocible cargado de las amigas de mis primas adolescentes Estadounidenses con gustos especiales por la marihuana y la zanahoria rayada. Un disco gira sobre mi cabeza. Un niño Árabe y su mono tratan de llegar a un asteroide, en dibujos animados. Me desmayo y despierto en la Ciudad, donde decido ir a un cine de 1920. La película sigue, la continuación del Niño árabe. Yo aparezco muerto en los periódicos matutinos. Mi abuela me llama para comentar la nota. El Niño árabe consigue una mezquita de altísima tecnología con propulsores orbitales, y llega al espacio. Voy al cuarto de proyecciones. Regreso. Comento la película con un completo desconocido. Ahora Niño árabe ha fundando su propio imperio sobre el asteroide, explotando cargas cada cinco minutos, compartiendo el poder con Zordon, quien vive dentro de un tubo.

Acaba el filme y no hay sujeto desconocido, sólo está Luis. Hablo con él de música mientras observo cómo Gerardo nos observa desde una butaca elevada varios metros del suelo. Salimos del Cine, estoy en el Centro y debo encontrar estacionamiento. Dejo a Ray en el mercado mientras yo doy vueltas y vueltas, sin éxito. Juan decide acompañarme a buscar lugar y lo encontramos en una esquina del mismo mercado. Salto por el disco, pero se escapa de mis manos, cambio de posesión. ¿desde cuando en el centro hay una playa? Voy con Juan a la playa, para alcanzar a nuestro amigos y encontramos a Cach jugando voleibol. Un rato después parece buena idea ir a beber algo, por lo que vamos a buscar líquido. Juan encuentra un puesto del mercado donde venden aguas y jugos. Pido algo místico, que cuesta cinco pesos. Juan ya no está y llega Fátima. Compra un agua. Mi bebida sabe a tamarindo con maíz. Vienen Marte y Mariana, también por líquido. Adentro, atienden dos señoras idénticas, solo que una mucho más anciana que la otra y ambas ríen de nuestros chistes. Fatima me pide 5 pesos prestados y luego desliza esa moneda por mi columna vertebral; a mí el frío metálico me sienta bien.

Es hora de cenar. Basta de carreteras.

Tan Rápido como amanece la locura termina..

Estiemuladores en el cielo #3

El cielo se abre sobre mi cabeza y las nubes comienzan a fluir directamente hacia mi subconsiente. El sol ilumina cada rincón que alcanza mi vista. Me derrito ante el calor instantáneo que brota desde las alturas, pero no me importa, es el calor de estar vivo, el calor que las pulsiones inefables que la naturaleza humana regala de vez en vez, en pequeñas cantidades, como si de píldoras para no enloquecer se tratase.
Hay demasiada información contenida en el paisaje como para ignorarla. Saco de mi bolsillo una memoria USB y la observo ¿cabrá todo ello dentro de este palito, este pequeño pedazo de plástico con lengua metálica? Cada pixel de la realidad, cada polígono que forma el universo, cada cuanto de energía que se transmite a través de los cuerpos, cada elemento que forma el paisaje será contenido en el USB. Sonrío a medias y sigo avanzando.
Las briznas de hierba que me rodean producen música, generan beats que siguen el ritmo de mis audífonos, beats incontestables para los que encuentro respuesta. Mi andar marca ese mismo ritmo y me siento como en un comercial de software o de pasta de dientes. Sigo sin poder entender el porqué de la belleza del mundo. Desgraciadamente esa belleza se encuentra violada por las convenciones sociales. No creo que las fábricas destruyan el paisaje, pero creo que el contrato social sí lo hace; cada vez que una dama con clase mira de soslayo a los obreros que caminan al borde de la calle, le roba al mundo un poco de vida y se la guarda para sí; el culto a la belleza no busca más que generar seres eternos y vacíos, momias bífidas que con sus secas mejillas sonríen en las fotos de las revistas del corazón. Sólo los barrios bajos tienen esos colores brillantes y esa alegría peligrosa capaz de arrastrar al hombre hacia el desenfreno que mueve a la realidad; ahí donde acaban las colonias del placer comienza el reino de lo real.

Eterna chica efimera

Las manos tiemblan sobre las teclas sin necesitar atención o permiso de escribir estas acusatorias y mortales palabras. Los dedos son realmente  su propia musa, fuente de  inspiración intangible y sin sentido para la gran mayoría de nosotros.

En este precioso instante me encuentro sólo en alguna cima. Trato de mirar hacia  todos lados, no siento más que la luz del sol invernal. La nieve atraviesa mi  cara, congela la punta de mi nariz. Luego estás tú, entre el hielo,  excavando una tumba para algún desconocido. Me acercaré a tí y te  preguntaré el nombre. No me lo darás. ¿qué sentido tiene sentir si hemos  sentido demasiado?    Ya no somos niños, pero estoy seguro que nunca  seremos “adultos”. Yo solo quiero ser yo.

O tal vez quiera ser yo contigo.

A destiempo

Salió por la puerta y te vió: estabas parada allí, en medio de la lluvia, pidiendo algo con tus ojos, pidiendo abrigo – No sé que hora es- dijo- y se comió el reloj. Lo fue masticando poco a poco, saboreando la correa de plástico, imitación piel. Rompió con los incisivos la carátula de vidrio, y degustó el sabor a sangre con cristales que ahora quedaba en su boca. No le dolió en lo absoluto. Se tragó esta primera pasta, dejando para el final lo mejor: las manecillas. Las acarició con la lengua durante largo tiempo, mientras sentía el bocado anterior bajando por su esófago y deshaciendo lo que había a su paso. Finalmente, dejó pasar las manecillas hacia su garganta y cerró los ojos, contrayendo la cara en un gesto de infinito placer. De nuevo me miró. Aún no sabía que hora era…..

Sala de espera

Recuerdo muy bien aquella sensación de pérdida innombrable..  Aquella ocasión no muy lejana en mi memoria en que realmente entendí que mi vida estaba llena de balas destinadas a herir o a fungir como maestras de la vida, recuerdo haber estado esperándote  y sí, el sentimiento de que el tiempo me ha dejado atrás está latente, latente… latente.

Domingo 4 de Julio 2010:

Ya casi no lo logro… A duras penas puedo mantener los ojos sobre el papel en el que escribo, cualquier figura en movimiento podrías ser tú… y cada figura en movimiento que aparece en el rabillo del ojo desencadena un agujero en el estomago, un nudo.

Me cuesta demasiado trabajo concentrarme, escribo por escribir y no sé, ni entiendo lo que estoy escribiendo; pausa, te busco alrededor y no te veo, un minuto más, una posibilidad más de que te esté esperando en vano. 6:17 pm, 17 minutos de retraso… ¿Me levanto a buscarte? No, desde aquí es fácil que me veas cuando salgas. Un anciano examina mi mirada, no encuentra lo que busca, sigue caminando.

Hey… no sé porqué pero hoy me da miedo perderte o me es difícil no presentir que algo ha salido terriblemente mal, pero no puedo negarlo. ¿Por qué no puede ser otro día normal? Mi panacea fracasa lentamente, me preocupas, me he dado cuenta de cuánto me han importado las últimas semanas, pero no pienso mantener con vida artificial algo que ya está muerto. ¿Está muerto? Hoy lo sabré. Sonrío, la inercia de sentirse bien es solo eso, inercia, saber que pase lo que pase el mundo seguirá.. Por el un momento el agujero de la boca de mi estomago se tranquiliza, calma su hambre de desazón, puede que todo sea mi paranoia, como siempre… sí, puede serlo…

Te veo caminar lentamente hacia mí… No estás sonriendo….

Let Me Die In My Footsteps

El mundo no deja de ser el mundo y los sueños no dejan de ser sueños, La gente no puede escapar a sí misma, las carreteras definen sus acompañantes y los orgullos son inamovibles.

El ansia por enviar mails incendiarios cede ante bendiciones de calma, cubetas que agitan el fuego diáfano de los sentimientos.
Las cosas ya no son lo que eran, eso es un hecho. He aprendido a a narrar mis historias, no solo a interpretarlas, pero no considero haberme reinventado en lo absoluto…

Por eso no pienso mucho en mi mismo, ni en lo que soy, lo que fui… nunca se sabe cuándo habrá que pintarte de rockstar chakalero o de mono sirviente con traje para algún evento familiar/trabajo/funeral…

Pero en fin; mi generación, en cualquiera de los casos, está echada a perder pues es una generación que obedece las reglas sin rechistar y para la cual transgredir o reinventarse  es una moda, no una necesidad o por lo menos una necedad. A darle átomos!, repito al clamor unísono de mis héroes, Los Simpsons, de quienes surgió el  74.3% de mi repertorio de gags actuales… y no dudo que de los suyos también..

Un mundo de blancos y negros sería más sencillo, ¿no? Un mundo en donde no existieran los grises, ni los consejos, ni las interpretaciones. Las referencias veladas por el sentimiento que no me invade tratan de encausar el texto sobre rieles incorrectos; de lo que va no es de quejarse, sino de moverse.

He perdido el valor en mi pequeña cortina de plasma, vamos… vengo acelerado… Saldré a saltar por los techos, tal vez eso me calme…

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