Debrayando con Wayito, Parte 1

Les propongo algo: No se me ocurría un verdadero post para el tema de esta semana (ha habido veces en las que siento que mi post me saldrá genial y se volverá épico) y pues pensaba en tal vez dejar pasar el tema, pero acabo de leer los que la gente que sigue posteando aquí nos regalaron y me siento menos presionado, fueron todos post muy amenos y nada elaborados, así que… ¿qué les parece si me agarro a debrayar (ojo: esa palabra no la he podido encontrar en el diccionario) acerca de lo que se me ocurra #yasí ?
Se lo comenté a Kurazaybo: no logro ubicar nada con el tema porque, aunque muchas veces me costó caro darme cuenta de algo, la verdad es que no puedo decir que ya “he aprendido” algo, por insignificante que sea. Probaré con un poco de lo que leí de ustedes y me dejaré llevar por mis debrayes
El amour. Ustedes no están para saberlo ni yo para pustiarlo, mi panza y mi papada jamás me ayudarán a convencerlos, pero yo en secundaria tenía mucho pegue. Pegue no del tipo de que le llegara a gustar a la chavita que a mí me gustaba, sino de ese otro pegue con el que te enteras que a una niña a la que le decían Caña María (la caña es un licor de lo más corriente, $10 varos la botella de litro y en la huasteca es lo que toman los indígenas… como yo) muere y suspira todo el día por ti. Hubo otras más que me acosaban con la mirada, me mandaban papelitos pendejos y cosas por el estilo. El diveness es algo que ahora critico y aborrezco, pero que comprendo muy bien *tal vez aquí venga mi primer “Lo aprendí a la mala” *, funciona de esta manera: (ya lo dijo Román, pero aquí voy de nuevo) Coge algo equis. Dale una forma distinta, píntala, ponle brillitos, what-eva, el chiste es que puedas agarrarte de eso para decir que ya no es equis. Consigue que alguien con un poco de autoridad -puede ser un artista de Televisa, un jugador de football o alguien muy atractivo- lo promocione y voilà! Tienes a todo el mundo queriendo ese objeto que en un principio fue equis. Si no logran ver el business (o yo estoy muy pendejo para explicarme) así como yo lo veo, no los culpo, tengo muchos amigos que son en realidad auténticos (valga la redundancia) y les gustan las cosas sin importar qué tan choteadas estén o si a nadie más le gusta, pero para mí es completamente una tragedia. La puta de Megan Fucks, Angelina Jolie y una lista infinita de PERRAS sin ningún talento que se la pasan en sesiones de fotos que sus fans coleccionan de manera enferma. Mucho ojo, por favor: no me jode la pseudo (y muy cuestionable) belleza de esas mujeres ni el éxito ni si tienen o no talento. Me jode la manera en la que se contagia el gusto por ellas, ¡por Dios! existe gente normal mucho más bella, con una personalidad increíble, con defectos como todos, pero que te llenan de una manera más completa que una pendeja modelo. Muy seguramente estoy equivocado, en los comentarios ustedes, si les da la gana, me harán darme cuenta de mi error, ¿Quién, en este caso, es esa persona con autoridad que dice “Coman y beban todos de Megan Fucks, porque ésta es su carne que será entregada a todos… bla bla bla” ? YO DIGO que Michael Bay. Es claro: los mocosos pendejos pudieron haber visto a Megan Fox pasar por la calle y tal vez no le habrían dedicado más de dos segundos a verla caminar porque su PSP les demandaba enderezar el volante de su coche tuneado en Midnight Club DUB Edition. Van al cine a ver UNA PINCHE PELÍCULA DE ROBOTS y entonces, durante una muy buena parte de la movie el director se dedica a enfocar los fabulosos abs de la perra ésta y su cinturita y su piel, mh… ¡qué piel! y esas pequitas y sus labios carnosos, ¡Mh… mamaciiita! (con la tonadita guarra) y esa espalda bien sabrosita y como que se le quiere ver la rayita de las nal… ah… ah… ah… Meegaaaan!!!… *Se fuma un cigarro en el cine* So: pinches mamadas. Debería pagarle el 80% de todo lo que gana al director éste, yo JAMÁS había visto a esa pendeja antes. Un detalle importante, muy importante y que me caga, es la actitud que “toman” estas pinches bitches: la de diva. Román es muy observador y aquí le doy toda la razón. Me ha tocado ver a chavas que solían saludarme, platicarme, vaya: hasta fajar acá en buen plan convertirse en unas bitches insoportables posers hijas de la chingada y todo por un puto concurso (ni sé si se diga así) de reina o princesa de la escuela. ¿Qué mierdas les pasa? Ya sé, ya sé, entiendo que el ego y esas mamadas, pero ¿tanto como para transformar la personalidad? ¿Tanto como para que olvide de sus mejores amigos? ¿Tanto como para tener después que PROCURARSE todas las mieles de su ascenso al precio que sea? ¡Carajo! Yo les confieso que mis 5 minutos de diveness se me pasaron rápido y confieso que siempre la sufrí. Yo no tomé la actitud de mamón porque me hiciera el divo, sino porque en realidad me fastidiaba un grupito de viejas FEAS en mi salón, pero siempre he sido el imbécil que se mea de nervios cuando la güera de las tetotas me dirigía una palabra. (Tengo pedos, estoy viendo todo el mar de letras que me aventé con un simple puntito… que todavía no termino)
Anyway… Me fajé chido con un par de chavas del grupito aquel, luego me cambiaron de escuela por una híper mega súper pendejada que hice… que no, no me atrevo a platicárselas, es demasiado vergonzosa. Luego entré a la prepa y pues ahí hubo faji-aventuras, pero también fue la primera vez que me hicieron mierda el corazón. Se llamaba Fulanita 1 [Los nombres utilizados en este post son ficticios para mantener el anonimato de un par de perras ojetes que jugaron con el pendejo del autor]. Fulanita 1 era la típica (en ese tiempo yo no lo veía así) pendeja de la que todo mundo se burlaba porque no se sabía ni los albures más básicos. Creo que aquí viene mi “Lo aprendí de manera culera” 2. En esta vida, en estos tiempos y en este pinche país es necesario saber de albures. En lo personal me cagan porque involucran algo que hasta hace poco me parecía sumamente desagradable: sexo entre personas del mismo sexo. Decirle a un niño de mi edad que “se sentara”, que “me las pasara”, que “le atravesaba” o que “me bajara” tal o cual cosa me era repugnante. No sé si porque tenía mucha imaginación o me lo tomaba muy en serio, pero yo sentía que era una vil proposición a tener relaciones y pues no mamen, ¡qué asco! Nunca le vi la gracia y a ver si les puedo dejar un video al final del post que vi dos veces, la primera vez sumamente indignado y la segunda muriendo violentamente de risa. Pues a esta niña la pendejeaban todos, la tenían por una estúpida y su candidez jamás conmovió a nadie, sólo a mí. No piensen que para ese entonces yo era el pinche puerco que soy ahora. La verdad es que me ponía nervioso, me temblaban las rodillas y me ponía rojo con ella y pues a ella le pasaba más o menos igual conmigo. Fue muy bonito, duró un mes completo y en toda la grandísima relación que tuve con ella solamente nos besamos como tres o cuatro veces… y de piquito, nunca de lengua, nunca fajamos. Le lloré como un año y cuando la he llegado a ver por ahí, mi corazón se acelera y quiero salir huyendo, pero me aguanto como los hombres y me meo como siempre. Resulta que en aquel entonces, yo tenía la idea de que el amor era algo tan poderoso que cambiaba a las personas. Yo era un cuasi pandillero y ella pues una niña boba. Cuando empezamos a andar cometí la típica pendejada de querer ir a hablar con la mamá, acompañarla a todos lados, visitarnos en nuestras casas y darle mucha formalidad al asunto. ¿Qué quieren, cabrones? Nunca había sentido las hormonas inundándome el cerebro e insisto que fue bonito, hasta que la mamá de Fulanita 1 decidió hacerle la vida imposible a su hija hasta que se alejara de mí. Ahora Fulanita 1 tiene un matrimonio de la shit, dos o tres hijos y creo se anda divorciando. Soy una mierda, my brothers, la verdad es que quedé tan lastimado al después sufrir su total indiferencia que sí sentí un poco de gusto al saber que no tenía un matrimonio plenamente feliz… como el que soñaba yo formar con ella.
Aquí le dejo porque de por sí ya veo venir un par de “tl, dr” y hablando así no terminaría nunca. (Nocierto, voy a mi cuarto a llorar como niña)

 

 

Predicando con Tolerancia y Golpes de Amor

I

Mario quería asegurarse de que todas las personas en el camión se hubieran bajado antes de salir, pero uno de esos viejitos que se quedan dormidos durante el trayecto parecía no percatarse de que ya habían llegado a la última parada: La central de autobuses de Salinas.

“Pinche viejito hijo de toda su puta madre” — pensó Mario — “¿Cómo putas se puede dormir con la peste a miados y los niños llorando todo el camino?”

La verdad es que Mario comenzaba a cagarse de miedo. Llevaba en su mochila una pistola que le compró a un amigo de un amigo que trabajaba de guardaespaldas de uno de los riquillos de la ciudad. Por eso quería ser el último en bajarse pero este señor le entorpecía todos sus planes. Siempre había algo que le arruinara sus planes. Es como aquél libro que le gustaba tanto, El Alquimista. La diferencia con él era que todo el universo se ponía de acuerdo para arruinarle sus planes.

Ya para no verse más sospechoso Mario comenzó a caminar hacia la puerta de salida. Haciendo hacia un lado con sus pies botellas de plástico de Coca-Cola y pañales hechos bola, seguramente llenos a punto de reventar de mierda. Cuando pasó junto al anciano lo miró por unos segundos. Con la boca abierta y una mosca encantada por el olor que de ahí emanaba. A Mario nunca le gustaron los viejos, siempre le dieron asco, quizás en parte por las cosas que vivió siendo niño…

— ¡¡¡NO VAYAS A HACER UNA PENDEJADA!!! — gritó el anciano, agarrando fuertemente una de las muñecas de Mario con sus esqueléticas manos y pelando los ojos llenos de lagañas y manchas grises.
— ¿Qué? — alcanzó a reclamar Mario mientras forcejeaba — Yo no estoy haciendo nada.

Mientras trataba de zafarse, Mario alcanzó a ver al conductor del camión tratando de ver qué sucedía. Cerró los ojos y pensó que ya se lo había cargado la chingada. O que quizás el viejo era un brujo que sabía lo que él iba a hacer en Salinas y le advertía de no cometer una estupidez. El viejo, por su parte, era un jubilado que pensaba que le iban a robar los pocos pesos que traía encima.

— Ya, Don Roberto, deje al muchacho — dijo el conductor. Don Roberto soltó a Mario mientras lo maldecía y le llamaba pendejo e hijo de puta. — ¿’tas bien? — le pregunta el chofer a Mario — Acá el Don es muy precavido, ya van varias veces que le chingan aquí en los camiones lo de la despensa. Mejor cáele antes de que te la haga más de pedo, ándale.

Sin hacerla más de pedo, Mario se bajó del camión y corrió por tres cuadras antes de que le empezara a doler a la derecha del estómago. Para sentirse seguro abrió la mochila y tocó la pistola pensando de nuevo en que había regresado a Salinas para matar al Padre Zárate.

II

Pasó de largo por la iglesia al sentir nervios en la panza que confundió con hambre. “Es normal”, pensó. No todos los días se mata a un hijo de puta. “Pueblo chico, Infierno grande” pensaba Mario mientras sacaba su gorra imitación Eddie Bauer para, según él, pasar desapercibido. Después de todo muchos de sus amigos nunca salieron de Salinas y siguen ahí. Pensando en lo que iba a hacer no quería que nadie supiera que él anduvo siquiera cerca de la ciudad “Pero ya qué”. Logró pasar por la plaza y vio a la famosa Lupita, la que se quería coger en la prepa, trabajando en la vieja nevería que ahora era un centro de distribución y recargas movistar.

Vio un puesto nuevo de carnitas y no lo pensó dos veces. Se metió con el antojo y empezó a hacer su orden, una muy pesada porque no quería matar con el estómago vacío. Ya el pensar de ese modo lo hacía sentirse muy chingón y sentía como sus huevos se triplicaban de tamaño.

— ¡¿Mario?! ¡¿Mario Peña?! ¡Cabrón…! — le empezó a gritar uno de los carniceros mientras se agachaba tratando de verle el rostro bajo la visera de la cachucha. “Ya me llevó la chingada”, pensó Mario. — ¿Ya no te acuerdas de mí, ¿Verdad, cabrón?

Y no, no sabía quién era esa persona debajo de los bigotes de lápiz, la obesidad, la playera y el mandil llenos de sangre y el gorrito de carnicero.

— ¡A que no me reconociste por el bigote! ¡Soy el Paco, tu cuate! — dijo, saliendo del mostrador y levantando los brazos para darle uno de los abrazos más incómodos.
— Pinche Mayito culero, ya te hacíamos muerto ingrato, ¿’Pos ‘onde andabas?
— ‘Pos estudiando… — contestó «Mayito» a regañadientes.
— Cómo estarás pendejo cabrón. Pudiendo andar aquí, en la chinga haciendo dinero… — Mario voltea la cabeza hacia otro lado como un niño regañado, sabiendo que ha escuchado esta conversación cientos de veces y sabiendo que no tendría cómo defenderse pues la vida de un profesionista recién egresado es dura sin las palancas adecuadas — ¿Y a qué viniste, cabrón? ¿Vienes a visitar a tus jefes ahora que va a ser día de los muertos? Pinche hipócrita, cabrón, ‘nomás así te acuerdas de ellos.
— No venía a eso… — se detuvo Mario pensando — …pero ‘pos ya que estoy aquí igual ‘goaverlos.
— Pinche Mayito pedero, provecho cabrón. Esta te la invito yo. —

Mario se sentó en la mesa con medio kilo de carnitas envueltas en papel del que usan para envolver las tortillas, transparente ahora por la cantidad de grasa y comenzó a comer con un amargo sabor en la boca. Maldiciendo al pinche Paco que según él la hizo en grande por poner su propio negocio. “Pinche Paquito pendejo” murmuró para sí mismo Mario mientras comía satisfecho por fin de saber que paco no recibiría un centavo suyo.

III

Se detuvo frente a la iglesia y la vio de abajo parra arriba. Porque muy en el fondo lo hacía sentir muy chingón. Así, como en la película de Machete que había descargado de Internet la semana pasada. Pero lo único que pasó por su mente fue el Padre Zárate apretándole una nalga mientras metía su otra mano debajo de la falda de monaguillo del pequeño Mario y jugaba con sus pequeños testículos y miembro. Mario abrió los ojos y pensó para sí mismo: “Ahora sí a este hijo de su puta madre ya se lo cargó la chingada”.

No fue nada como lo imaginó. En lugar de entrar y disparar balazos a diestra y siniestra entró a una oficinita donde la secretaria lo hizo que se sentara y que esperara a que se desocupara.

Después de ver todos los arreglitos de la oficina incluyendo una figura de San Judas Tadeo volteado de cabeza la secretaría le preguntó que necesitaba.

— Andaba buscando al Padre Zárate… — responde Mario.
— ¿Andabas o andas ‘mijito? — Lo interrumpe la secretaria.
— Ando…
— ¿Y para qué lo quieres? — Le pregunta finalmente sin haber levantado ni una sola vez la vista para verlo a los ojos. Enfrascada en algún test de alguna revista de Cosmopolitan. Mario, por su parte, ya había realizado más de cuatro segundos de silencio.
— Razones personales… — acabó por decir.
— El Padre Zárate — comienza a decir la secretaria — ya no es Padre; es o-bis-po y ya no trabaja en esta iglesia. Está en la arquidiócesis de Ciudad Valles.

Mario soltó una bocanada de aire y se hundió en la silla. Se sentía tan pendejo por pensar que luego de 20 años lo iba a encontrar predicando en el mismo lugar. Se levantó de la silla y antes de que se pudiera despedir lo interrumpe la secre:

— Si te urge mucho verlo — dijo, por fin levantando la vista — lo puedes encontrar en el rancho de los Romero. ‘Orita anda de visita porque vino a bautizarles un niño y como esa gente es de dinero lo trajeron hasta acá en helicóptero.
— Ah, órale — dijo Mario — muchas gracias.

Mario iba pensando en cómo le iba a hacer. El rancho de los Romero, los más ricos de la región desde siempre, estaba lejos de la ciudad. Así que para empezar se tenía que chingar e ir hasta allá a pie.

Hora y media caminando le hicieron pensar en cómo hacerle ahora ya no era tan simple como ir a una iglesia sola y meterle un balazo en el ojete al cabrón pederasta que había abusado de él. Nada más de acordarse lo invadía un coraje inmenso. De acordarse de las «paletas» insípidas, amargas y llenas de pelo que le obligaba a chupar. De sus manos llenas de manchas hepáticas por todo su cuerpo. Qué asco… Mario no pudo aguantar más y vomitó las carnitas que hora y media atrás había comido gratis.

Cuando se reincorporó una camioneta se orilló y uno de los que iba arriba le preguntó si sabía soldar. Mario sin pensarlo contestó que sí y le dijeron que si les ayudaba con un trabajito en un rancho de más adelante le iban a dar cincuenta pesos. La cara de Mario se iluminó y se trepó a la camioneta.

IV

— ¿Y este puto quién es? — pregunta un hombre con sombrero vaquero, presumiblemente el capataz.
— ‘Pos es que necesitamos quien solde las rejas y el joto del Julio se fue ‘pal otro ‘lao. Este wey se llama Mario. Dice que sabe soldar y le pagamos lo del Julio.
— ‘Ta ‘güeno hombre. ‘Nomás por hoy pero dile que te enseñe a soldar, pendejo. Ahora que se vaya tú te vas a encargar ‘deso — ordena el capataz.
— ‘Ta bien — responde la persona que subió a Mario — órale, ‘ámonos. — Le ordena a Mario mientras se vuelven a subir a la camioneta. — El equipo está allá en la bodega al lado de ‘anca los patrones. ‘Nomás lo recogemos y nos vamos pa’ donde tienen las rejas.

Mario asintió y volteaba para todos lados. Lo único que quería era ver si alcanzaba a ver a ese hijo de puta. Pero no, seguramente estaba en uno de los cuartos.

—Ándale cabrón, apúrale que tenemos que acabar de volada— le dicen a Mario.— Y deja ahí tu pinche mochila que luego te van a andar trasculcando para ver si te robaste algo.

Y Mayito le pensó, pero lo más inteligente le pareció dejar su mochila en la camioneta, porque si le encontraban la fusca para ver si se había robado le iba a ir mucho peor.

Ya sin plan en la cabeza, Mario le enseñó a soldar al otro tipo y juntos acabaron una reja en un buen rato. El haber estudiado mecánica y electrónica al menos le había hecho a Mario el ganarse sus primeros cincuenta pesos luego de meses de desempleo.

—Oye, ¿Y cómo te llamas? — le pregunta Mario.
—Soy Rodrigo, pero aquí en la obra me dicen el Guaguas.— le responde.
—Ah, órale. Oye, ¿Dónde puedo ir al baño?
—¿Vas a ir a cagar o ‘nomás vas a miar?
—No ps…— dudó Mario —traigo como que ganas de hacer del dos.
—Jajajaja, ¿Hacer del 2? No sea joto mi Mario. Mira, si tienes que cagar allá al fondo hay unos baños donde hacen los invitados. No la hagas de pedo y no te tardes mucho.
—Gracias —le contesta Mario mientras se apura a tirar los microbios que las carnitas hubieran introducido a su cuerpo.

Pero antes de llegar al baño notó que había un monaguillo con lo que parecía ser una sotana parado afuera del baño. En ese instante todos lo recuerdos llegaron a la mente de Mario. Aunque no recuerda bien la primera vez que fue abusado sí recuerda las más dolorosas, las veces que llegaba a su casa y ni siquiera se podía sentar a comer por el ardor en el culo que se lo impedía.

Como un toro salvaje, Mario se abalanzó sobre la puerta, la abrió y la cerró tras de él. Buscó por cada uno de los inodoros hasta que por fin, frente a él, estaba el Padre Zárate, ahora Obispo Zárate. La furia encegueció a Mario que no vió al frágil viejo de 81 años sino que vió al viejo que abusaba y atormentaba de él. El anciano comenzó a gritar mientras era zarandeado y recibió unos buenos golpes a la jeta para calmarlo.

—’Ora sí padrecito, ¿A que no se acuerda de mí?— le preguntó Mario en tono burlón. —¿Ya no se acuerda que usted me tocaba cuando era monaguillo pinche viejo cochino?

Con la boca tapada, el obispo Zárate le hizo ver con movimientos de cabeza que sí lo reconocía para crear empatía, aunque en el fondo de su cochina cabeza pasó una marcha interminadble de niños a los que había abusado y, pese a que en su momento cada uno fue especial, no podía recordarlos a todos y mucho menos visualizarlos como un jóven adulto.

—Así es, cabrón— siguió diciendo Mario al caer en la trampa del padrecito. —Soy Mario, hijo de su puta madre. El Mayito. 2 pinches años usted abusó de mí, cabrón. 2 pinches años que me traumaron de por vida y que al final acabaron por hacerme joto. Ahora vengo aquí de nuevo para regresarle el favor.

Y terminando de decir esto, Mario volteó al padrecito de espaldas mientras escuchaba ya los azotones a la puerta de la gente que escuchó los gritos y fue a ver que pasaba. Ya en la desesperación dejó de taparle la boca y dejó que gritara. Como ya tenía los pantalones que llevaba bajo la sotana a la altura de los tobillos, Mario nada más tuvo que empinarlo y separarle las nalgas ancianas que apretaba con tanta fuerza el viejo para no dejarse penetrar. Pero no podía, no era lo mismo separar las nalgas de un niñito que las de un adulto que con todas las fuerzas de su anciana vida no se iba a dejar mancillar así. Como último recurso, Mario comenzó a golpearlo contra la pared hasta que por fin aflojó un segundo y en ese momento de descuido se la dejó ir toda.

—¡¡¡ME ESTÁN VIOLANDO!!!— gritó con todas las fuerzas de su humanidad el obispo Zárate mientras Mario batallaba para dejársela ir y pujaba y empujaba con todas sus fuerzas hasta que en uno de esos empujones contra la pared escuchó y sintió el tronar de huesos. Al levantar la vista notó la cabeza del ex-padrecito ir de un lado a otro como cuando su madre solía matar a las gallinas para hacerle un caldo.

Fue en ese momento que se dio cuenta que estaba acorralado, tratando de buscar una salida escuchó cómo se rompía la puerta del baño y un millón de manos y puños le caían encima.

EPÍLOGO

El matar y violar en el baño a una figura eclesiástica en un pueblito altamente religioso es lo peor que puedes hacer. Torturaron y lincharon a Mario en un ritual que duró aproximadamente dos horas. Lo apedrearon, le cortaron pedazos de piel y lo cubrieron de sal para después aventarlo sobre brazas ardientes de carbón una y otra vez hasta que por fin lo colgaron en la plaza del pueblo en un evento donde hasta la misma policía Municipal participó.

Pero al final, el que perdió el empleo y también recibió sus azotes de manos del capataz fue el Guaguas. Al menos así aprendió de la manera difícil que no había que ofrecerle trabajo a extraños ni mucho menos meterlos a casas ajenas.

Que las mujeres transmiten enfermedades

Dance to dance.

En algún punto de la evolución humana y como señal de inteligencia,se impuso un estándar social para suavizar las relaciones interpersonales,pero alguien pensó si realmente algunos somos aptos? ya saben personas con dos pies derechos (yo soy zurdo)  personas que pueden moverse al compás de viento como cuando las hojas caen de los arboles en temporada de otoño,en efecto,es un sueño de tonos románticos y mas cuando algunos lo podemos utilizar para enamorar a la doncella deseada y con mas razón si eso ayuda a que aumenten en un 43% las probabilidades de que te la lleves a la cama sin necesidad de embriagarla o drogarla.

Mi primer acercamiento y desencanto para aprender a bailar fue un gran fracaso,estaba yo en la primaria y nos preparabamos para “el baile de graduación”,la verdad no entendía (y sigo haciéndolo) el por que es necesario esta estúpida formalidad (a parte de que los padres se gastan una buena lana para comprar los atuendos necesarios) y solo se trata de entregarte un papel que te indica que por fin terminaste la escuela primaria sin importarle que tan bueno fuiste o cual fue tu promedio.

El punto bueno de los ensayos para el baile de graduación era que para muchos de nosotros era como el segundo recreo y realmente nos valia madre si lo hacíamos bien o mal o de la chingada,al escoger parejas fui el afortunado que me toco la aplicada del salón con excepción de los mas grandes de la clase que tuvieron que bailar juntos,o sea hombre con hombre y lo malo era que no podíamos reírnos de su joteria por que si lo hacíamos era una paliza segura.

Llega el esperado día en que nuestros padres vean el fruto de su inversión reflejado y con el background musical del danubio azul como para ponerle la cereza al momento cumbre del evento.

estábamos en filas opuestas hombres y mujeres,nos había indicado la maestra que las parejas iban a ser uno a uno,conforme saliera una niña salia un hombre y la tomaba de la cintura y del brazo para acomodarnos y empezar la coreografía.estábamos algo nerviosos todos,ademas que a los 2 ultimos de la fila no los dejaron bailar por que según el director no se podía,yo era el tercero de la fila y Oh! sorpresa……….mi pareja se había enfermado de varicela y se recorrieron las parejas y me toco “la guayaba” que era la niña mas insoportable que ademas me caia mal,al salir a su encuentro casi me regresaba y con lagrimas en los ojos del coraje la tome de la cintura y me dispuse a bailar,estaba tan encabronado que jamas le mire su fea jeta para hacer mas pasable el momento y como marco de la situación me tomaron una foto con ella que aun hace reír a mi madre por mi cara de estúpido encabronado.

Esta experiencia quizás me marco de manera general y por lo cual le di un lugar de importancoia minima a aprender a bailar y lo deje así por varios años.

Hasta que estaba en la prepa y pues a uno le empiezan a gustar mas las vaginas aunque nunca las hayas probado,me decidí por enseñarme y descubrí que para eso existen las hermanas,sí solo para enseñar a bailar y no para otra cosa útil.

Ya me sentí un experto en bailar la cumbia de moda y me dispuse a buscar un fiesta en próximas fechas e invitar a la chica que en ese entonces me gustaba,que hasta eso no fue problema por que al primer momento me dijo que si (para mi asombro).

Con dos cervezas encima y con la seguridad en mis hombros me dispuse a sacarla a bailar,le pedí al wey que vi mas cerca que ambientara la fiesta con música para levantar el animo,la verdad sentí chingon que un wey desconocido me hiciera caso y hasta busco los CD’s para complacerme o de plano estaba de la verga la fiesta y el poner música hace que se vea menos aburrida.

ella -a poco te gusta baila?

yo- claro!!

ella-es que te vez como de las personas que no les gusta eso,que aburridas son no?

yo-si que pinches personas aburridas!!

ella-vamos goooei!!!!

yo-ya vas………

Empieza la música y para mi puta suerte era del genero infravalorado “LA QUEBRADITA”……..no mamen!!! yo había practicado cumbias y hasta “de aventon” pero no la mendiga quebradita NO!! #bigfail

ella-vente goooooei vamos a bailar!!

yo-este…mejor vamos a fuera a tomar y platicar.

ella-no querías bailar?

yo-si pero….mejor vamos a fuera a ver que!?

ella-nel ni madres!! yo quiero bailar!!!

yo-pero es que……

intruso le dice a ella-deja a ese pendejo y vente a bailar.

ella le dice al intruso-ok!!

yo- :(

He intentado en innumerables veces el gusto por bailar y lo deje de lado para siempre,han salido tantos géneros y modos de bailar que el demográfico se empeña por aprender/dominar y como que eso no es para mi,aunque la música electrónica y demás géneros y subgéneros son fáciles de disfrazar contorsionandote como sea pero meh,la vida nunca te prepara para los nuevos bailes de moda y al diablo la bailada.

 

 

Nunca le preguntes a una mujer…

“¿Por qué estás sentada sobre las 19 tragedias?”

(Aunque sea cierto)

Nunca le preguntes a una mujer...

***

También: soy malo para regatear. El otro día vi una playera que me gustó pero era la única que no tenía etiqueta con el precio. Le pregunté al encargado, quien inmediatamente puso cara de absoluto desconcierto. Me dio un precio y, dado que el lugar no era nada elegante ni exclusivo, le dije que le pagaría un 15% menos. “No sé” me dijo “ahorita que regrese mi cuñado”.

Insistí en mi oferta y esperé, pero solo obtuve la misma respuesta. Decidí irme pero darme otra vuelta por ahi, total me quedaba de camino al regresar. Para entonces ya estaba el cuñado ahí y me dió el precio correcto: el doble de lo que me habían dicho al principio.

***

Sinceramente nunca he comprendido cual es la fascinación de la gente por la comida caliente. Mientras no se trate de uno de esos horribles casos como el caldo de pollo helado, en que la grasa se coagula, a mi me resulta indiferente. Por eso en una ocasión en la que ya no recuerdo claramente el motivo, por allá del sexto año de primaria, íbamos a hacer un convivio. Mi escuela de entonces era rara, no teníamos mesabancos ni pupitres individuales ni de a dos sino mesas redondas con cuatro personas en cada una. Esos grupitos de cuatro eran los que se iban a coordinar para llevar los alimentos que íbamos a consumir al día siguiente. En mi mesa acordamos que sería pizza y yo, siendo ingenuo y bobo (cosas que todavía no me logro quitar) me ofrecí a llevarla.

A la mañana siguiente llegué con una pizza extra grande y me extrañó ser el único con alimentos visibles de todo el salón. Al entrar a clase mis compañeros de mesa me dirigieron una mirada extraña pero no le di importancia. Solo uno me dijo que como se me ocurría. Hasta entonces me di cuenta de mi error y la verdad todavía le agradezco la sinceridad porque de haberse conformado y no haber dicho nada y haber comido la pizza al mediodía, helada, como si nada como hicieron los demás, lo más seguro es que yo siguiera sin darle importancia al detalle de la comida servida caliente. Al menos como una consideración para con los demás.

Pero en el fondo me quedaba la duda ¿De dónde iban a sacar la pizza los compañeros de las demás mesas? La respuesta llegó poco antes de la hora del convivio: empezaron a llamar a compañeros de parte de la dirección, que pasar a recoger algo que le habían traído sus papáses.

Me sigue pareciendo de lo más impráctico, pero supongo que en el sexto año todos los padres y madres todavía aman incondicionalmente a sus hijos.

(Menos a @prozak que creció sin amor)

Tema de la Semana: Lo Aprendí de la Manera Difícil

Tropezar y caer. Por lo menos creemos haber aprendido algo, aunque la caída nos haya dejado marcas de por vida.

Lo Aprendí de la Manera Difícil

A %d blogueros les gusta esto: