Troma

Realmente mis traumas son banales, he llevado una vida comoda, y no hay nada interesante en ello.

Así que por eso sólo les dejaré una imagen que es el trauma colectivo de muchas, muchas generaciones.

Paso en falso

Buenas estimados lectores pues después de buscar traumas en mi vida encontré solo uno y es el que les contaré.

Iba saliendo de clases de hecho estaba en 2do de secundaria e iba a mi casa, una casa que queda en la calle Fco Peña mi número era el 108 por si quieren ir a huevearla vayan me vale madre ya no vivo ahí. En fin como de lunes a viernes tomaba mi camioncillo ruta 10 para ir a mi casa. Iba viendo a la calle pegado a una ventana, el camión llega al bancomer de Himno Nacional el que está a lado de el café punta del cielo, pulso el timbre para que me baje, camino a la salida doy un paso, doy el otro y el HIJO DE SU REPUTISIMA MADRE del camionero le acelera, caigo en el pavimento con el tráfico de las 2:00pm me arrastré a la banqueta y un wey buena onda le toca el claxon al cabrón camionero recordandole el 10 de mayo, esta persona me ayuda a levantarme me pregunta mi estado y que había pasado y  le digo “ps ese wey, iba bajando y acelero el mamón” y me dice “no te preocupes alcancé a apuntar su número de unidad ahorita llamo tu vete a tu casa”. Le agradecí y me fui. Por suerte solo tenía unos raspones en las muñecas y una rodilla con un dolorcito que al poco rato se me quitó. Después de esto no me quise subir a un pinche camión como por 1 mes y medio.

Saludos

Resistencia de Materiales

Son las 2:45 am del martes 25 de octubre de 1994 y estamos en una casa de clase media en la ciudad de San Luis Potosí. Dentro de esa casa, se puede ver a un pequeño niño de 8 años en el pasillo junto al baño. El chiquillo esta agachado y recargado sobre la pared y con la cabeza mirando hacia abajo. No hace frío y desde hace media hora que no puede dormir.

Y entonces lo inevitable comienza, se empieza a escuchar un ruido muy lejano; pero que cada vez se empieza a hacer mas fuerte. El pequeño se comienza a preocupar, pero no quiere despertar a sus padres por que lo van a regañar como las otras veces que los ha despertado. No entienden que el siente que algo malo va a suceder y nadie le cree. No hay nadie ahí para protegerlo. Solo puede confiar en la resistencia que tendrán los ladrillos y el cemento que esta sobre su cabeza. Y la verdad, aunque es muy joven intuye que la casa no soportara el impacto de un objeto de varias toneladas a una gran velocidad.

El ruido llega a su nivel más alto y el niño espera lo inevitable. Segundos después, el sonido del avión comienza a disminuir y eso le dice al pequeño miedoso que al menos en ese momento ya no va a morir. Regresa un poco más tranquilo a su cama e intenta retomar el sueño. Sigue pensando en muchas cosas y termina durmiendo 20 minutos después.

La ruta de ese avión termino cambiando. El niño creció y en algún lugar leyó que es mas probable que lo mate un camión a que le caiga un aeroplano encima.

La iglesia y su doctrina traumatica

Con los ojos casi llenos de lágrimas de felicidad, mi madre me daba la noticia de que a partir del próximo sábado iba yo a tomar clases de catecismo para mi primera comunión. Mi conocimiento de la religión se encerraba a un padre nuestro, un ave María y a una oración para antes de dormir.
La medida de castigo era un cinturón que mi papá había comprado en san Juan de los Lagos, eso condicionaba mi comportamiento, sabía que si hacía una travesura o si mi madre tenía alguna queja de mi, el castigo era una ronda de chingadazos “correctivos”, dicen que así se templa el carácter para ser una mejor persona (??).
Mi madre me compró un cuadernillo para hacer mis anotaciones para cuando fuera al catecismo, me hacía sentir como si fuera a clases los sábados y no estaba chida esa idea ;(.
Por fin llegó el sábado y mi madre me llevó a la iglesia de la Sagrada Familia, un seminarista me recibió y me pidió que esperara en el patio cerca de la fuente y me dio una paleta de caramelo. Llegaron los demás niños hasta formar un grupo de 9, casi todos de la misma edad que yo. El seminarista se presentó y la primera pregunta que nos hizo fue:
– “Alguien sabe que es el Infierno”
Todos nos miramos unos a otros como esperando quien iba a ser el primero en decir una pendejada.
-” Al infierno van todos los pecadores y los que no aman a Dios” .-dijo con el brazo extendido y el dedo índice apuntando al techo de lámina.
El seminarista nos explico los castigos y tormentos eternos que sufren los pecadores en el infierno, todos estábamos callados y con cierto miedo, era un descubrimiento muy crudo y sumandole la rudeza con que nos la estaba mostrando, la imagen de todos nosotros era como de una camada de cachorritos con frío bajo la lluvia; seguía es seminarista con su discurso hasta que un niño del grupo empezó a llorar por el miedo que le estaba provocando el discurso infernal del seminarista.
-” hijo, tienes miedo al infierno?” .- le pregunto al niño chillón.
-” No temas, Dios nos dio como arma su palabra para no ceder y llegar al paraíso de los puros de corazón”
Cada sábado nos enseñaba la palabra de Dios y toda su verborrea celestial, lo que no sabía éste infeliz seminarista es que provocó que mi percepción de lo bueno y malo estuviera condicionada a la pregunta de si lo que fuere que hiciera era pecado o no…….
Vivía en un tormento de remordimientos y un sentido peso de culpa. Mi niñez y mi diversión la destruyo este cabrónisimo seminarista que me mostró tal cual el camino del infierno. Hice mi primera comunión y seguí con el dicotomía de lo bueno me lleva al cielo y lo malo al infierno.
Así era hasta que entré a la secundaria, caí en cuenta que ese mendigo seminarista nos dio la clase mas trollera en todo lo que lleva de vida el catolicismo, me traumó con sus imágenes del infierno para condicionar mi comportamiento……lo odio.
Ya de adulto me da hueva que mis acciones sean o no bien vistas por cualquier religión, si fuera así no se podria disfrutar de la vida tan holgadamente, deje de pensar en el Diablo y en el infierno desde hace mucho, prefiero portarme bien para que no caer en la cárcel o si no lo hago espero no me atrapen.

Las aguas embravecidas

Más de una ocasión me han cuestionado el por qué tengo a mi propio padre en el concepto en que lo tengo. Y hay un motivo por el que ya prácticamente no hablo de él: la gente suele dudar de la veracidad de las anécdotas que muy de vez en cuando comparto, por motivos que se me escapan. Como si decir la poco halagadora verdad fuera algo que yo hiciera buscando popularidad o no sé qué se imaginarán. Varias veces han tratado de aleccionarme, argumentando que él no es “malo” sino que sus esfuerzos por demostrar cariño y consideración simplemente han salido mal “ocasionalmente” y que, si lo pienso, seguro que las cosas buenas tienen más peso que las malas a la hora de ponerlas en la balanza de la justicia. Hasta me han dicho textualmente “no creo que lo que nos contaste la otra vez sea verdad”.

Y bueno ¿qué se supone que haga yo entonces? ¿Comenzar a contar mentiras halagadoras solamente porque son más fáciles y más creíbles?

Así que aquí les va una anécdota que, aunque no estoy del todo seguro de su significado e implicaciones, sin duda servirá para ilustrar la imprudencia y clara falta de sentido común de este hombre.

Tendría yo menos de 8 años y estábamos en un paseo con familiares y amigos de mis papás en un bosquecillo, creo que en el municipio de Venado en SLP aunque puede que la memoria me traicione. Había un río cerca y al poco tiempo todos estaban ya nadando. El río en si era angosto, flanqueado por grandes piedras y en esa época del año estaba muy cargado de agua, de modo que el flujo era rápido y violento en las zonas angostas, que eran como 99% del río. Creo que mas que río, calificaba como un rápido. Nadie se hubiera aventurado a meterse al agua de no ser porque había un pequeño recodo, de baja profundidad y bastante amplio, que formaba una especie de alberca muy cómoda para refrescarse debido a que la corriente ahí era mínima. Yo andaba felizmente chapoteando de un lado para el otro.

Por motivos que aún no soy capaz de comprender, mi papá decidió que sería “divertido” meterse en las aguas rápidas. Conmigo a cuestas. Aclaro dos cosas, primero no llevábamos salvavidas de ningún tipo y yo no sé nadar. Segundo, de acuerdo a todo el mundo mi papá no estaba bajo la influencia del alcohol ni ninguna otra droga.

La escena fue más o menos así:

Papá: vamos a meternos más para allá *señala una zona en  la que el agua va por lo menos a 20 km/h y choca violentamente contra las rocas, además hay lo que parece un remolino poco amistoso*

Kurazaybo: no

Mamá: se ve un poquito peligroso y el niño no sabe nadar

Familiar lejano:  no creo que sea buena idea, no se vaya a lastimar, compadre

Papá: *carga a Kurazaybo y se mete a las aguas embravecidas*

Supongo que esta historia es como aquellas del Selecciones del Reader’s Digest al estilo de “¡Atacado por un oso!” en la que ya saben que no fallecí por el simple hecho de que lo estoy escribiendo. Lo que sucedió a continuación no lo tengo del todo claro en cuanto los detalles. Nos desplazamos unos metros por la orilla, mi papá aferrado a las rocas y yo a él. Entonces nos arrastró el río y después todo se vuelve un poco borroso, entre la espuma, las corrientes, las piedras y el agua penetrando en las vías respiratorias.

Yo salí de ahí con rasguños, golpes y moretones. Una lesión en la rodilla derecha que hasta la fecha me molesta cuando hago algún esfuerzo, aunque por fortuna no parece afectarle el frío. Todavía. ¿Mi papá? pues salió arrastrándose y más o menos en las mismas condiciones, aunque francamente no podría importarme menos.

Soy incapaz de señalarlo con claridad pero ese día algo se rompió entre nosotros y desde entonces tengo en todo momento muy presente que no siempre hay que hacerle caso a los mayores y a nuestros padres. Si alguna vez se encuentran en una situación así, yo les recomiendo morder en el cuello a la persona que los arrastra a la perdición y alejarse rápidamente de ahí.

Elecciones

La vida trata de tomar elecciones tienes que decidir constantemente. No tengo problemas para tomar elecciones con mucho tiempo para pensar, pero son esas elecciones rápidas las problemáticas…

En San Luis Potosí los grandes problemas de transito no son causados por los accidentes en sí, son causados por todos los mirones potosinos que manejan despacio para satisfacer su morbo. Es realmente estresante el ver que una vez que pasas del accidente el tráfico vuelve a la normalidad.

Fue en una de esas ocasiones en las que venía pendejeando que después de una subida de los puentes tuve frente a mí a una hilera de coches casi detenidos. Yendo a 80 era muy poco probable que alcanzara a frenar por completo, pero mi reacción con los brazos siempre es más rápido. Ya saben, en otra vida hubiera sido muy bueno en los duelos del viejo Oeste. Frente a mí había un Audi A5 y en el carril contrario un Volkswagen Caribe.

Tomé la peor decisión: Me estrellé contra la Caribe.

Claro, me ahorré la fortuna de pagar por un Audi, pero mandé a la chava que iba manejando al hospital con heridas graves. Murió al segundo día y ese es un precio que jamás podré pagar ni con todos los ahorros de mi vida.

Tema de la semana: “Traumas”

Esta ocasión el tema viene de lo más profundo del subconsciente:

“TRAUMAS”

PD: creo que aquí iba la imagen de la chica de “Psicosis” gritando por su vida, pero esta está que arde. Ah y ¡propongan temas! De lo contrario amenazo con seguir aceptando sugerencias de parte de Juan Gabriel. Y Juanes…

A %d blogueros les gusta esto: