La Armadura Prohibida de los Amigos Locos.

“Porque si jamás hiciéramos aquello que está prohibido, nos estaríamos auto condenando a vivir una vida sin sabor”


Hoy se cumplían nueve días buscando una víctima que valiera la pena. Nada. Formada ya en la fila para hacer el mismo depósito que venía realizando desde hace ya más de una semana, Paola estaba empezando a pensar en regresar a planchar camisas y pegar botones de nuevo e intentar ganarse la vida de manera decente. El letrero de “En esta sucursal no se permiten” siempre le pareció gracioso. La gorra hasta arriba seguida de los lentes hacían parecer al celular una especie de bigote extraño, mas hoy esa peculiar silueta no la hacía sonreír, ni un poco. Un poco desesperada metió la mano en la bolsa de la gabardina. Sí, ahí estaba aún el celular barato y por lo tanto simple de utilizar que venía cargando todos los días desde que planeó todo con sus dos colegas. Ahora, al sentirlo, le parecía un gasto inútil y excesivo. Era el turno en la fila de un señor pequeño y bonachón. Al verlo pasar recordó bien las indicaciones de sus compañeros: “Personas a las que se les pueda someter fácilmente, de preferencia mujeres, hombres mayores o pequeños, aún así, procura fijarte si pudieran ser peligrosos” y comparando a ese pequeño barrigón, pensó que ese podría ser una excelente víctima. Avanzó la fila dos lugares y no parecía que pudiera mejorar mucho la situación cuando el cajero que atendía al hombre lindo y bajito le pidió un minuto, se perdió al fondo del pasillo y en seguida regresó con varios fajos de billetes de quinientos y mil pesos. Inmediatamente el corazón se aceleró dentro de Paola y su mano volvió a buscar el celular dentro de su gabardina para escribir sin sacar la mano de la bolsa “HOBRE CNISA BLANCA CALVO BOLSA NEGQA 200 MIL” intentando disimular el nerviosismo de una ladrona primeriza. El hombre bonachón salió del banco sin prisa y Paola se quedó aún formada para depositar los doscientos pesos que siempre depositaba, para luego retirar de su propia cuenta.

“Yo una vez estuve loco. Luego maté a mi niño interior brutal y sádicamente, y heme aquí, curado”


No sé por qué estoy aquí. No sé por qué me han vuelto a traer. Me estoy acostumbrando, es la verdad, pero eso no significa que lo esté disfrutando. Prometí portarme bien, ¿qué fue lo que hice ahora? Tal vez no he hecho yo nada, tal vez fue sólo que no me quieren ya. Veo a todos los demás aquí y entiendo que éste no es mi lugar. Tal vez lo es y jamás podré entender el porqué. Antes me parecía cruel, al menos ahora siento que no lo hacen con maldad, el traerme aquí. Si tan sólo no me tuvieran aquí aislado, si tan solo pudiera hacer amigos como (casi) todos los demás. Sé que no soy tan malo, yo no quiero hacerle daño a nadie. Me pone muy triste encontrar en las miradas de todos ese miedo, ese terror al verme. Sé que no me lo he ganado, sé que ellos no me conocen, que no saben bien quién soy, jamás me han dado la oportunidad de acercármeles. Aquel niño sin ojo y con la cicatriz, recuerdo cómo lloró cuando me acerqué a él, como si yo fuera aún más feo que él, sé que no lo soy, no me he visto en un espejo en mucho tiempo, pero sé que no lo soy. Sólo mi madre es linda conmigo. Ella siempre me cuida, siempre me acaricia y me mira con ternura, es verdad que a veces llora cuando los demás me rechazan y hablan lo peor de mí, pero me encanta cuando me abraza, cuando me besa y me canta. Tan sólo acordarme de ella hace que el ambiente cambie, por un instante puedo sentirme cerca de ella y no en este infierno con olor a medicinas. Ahí viene de nuevo esa puta enfermera. Maldita sea ella y su estúpida gorrita blanca. Viene con esos dos tipos enormes la desgraciada, voy a matarla, esta vez sí voy a arrancarle la cara, se la arrancaré y me la pondré como máscara para que todos me odien y me teman con una auténtica razón. ¡MALDITOS PERROS!, ¡Apártense de mí, voy a matarlos, voy a violarlos a todos y a sus madres!, ¡Apártense, canallas, les arrancaré la vida a pedazos!

“¿Qué sería de mí sin ti, amigo mío?”

¡Puta, cabrón!, ve… ¡A huevo, puto, ya se hizo! No mames, no mames, ok, way, “manos a la obra”, mira, dice que… creo que dice que “camisa blanca, bolsa negra” ok, entonces vamos a darle chance, a ver, repíteme, ¿cómo va a estar el pedo? Ajá, sí, ok, a huevo, entonces le vamos a dar hasta el primer semáforo, como dijimos, muy bien. Míralo, ese debe ser, sí, no mames, se ve que sí trae por lo menos unos ciento cincuenta… Ay, no seas pendejo, claro que MIL, papá. ‘Uta, pa’ pinche carrito, way, pero no, acuérdate que eso ya es otro pedo, está más cabrón. Órale, síguelo… ¡Puta, cabrón, qué pinches nervios! Pero de que se hace, se hace, mi rey. Ok, no te le pegues tanto, simón, así… Ok, esta es la buena, esta es la buena… Deséame suerte, amigo. Ok, ok, pase lo que pase, NO TE VAYAS SIN MÍ, ok? Ok, ok… voy. [Rompe el vidrio con un bat, lo tira lejos y saca una pistola] ¡No te muevas, pendejo, no te muevas! Pásame esa bolsa, pásamela rápido, si no, aquí te mueres, pendejo. [Revisa la bolsa a una distancia prudente del vehículo] ¡Si nos sigues, te lleva la chingada, pendejo! [Golpea al hombre en la cabeza con la cacha de la pistola y corre]. Métele, métele… ¡Vergas, cabrón, ahí se quedó! Puta, way, sí, sí, aquí están. Ahorita los checas, cabrón, no mames, métele, way, me estoy cagando. ¡Puta, sí, way! No, yo creo que ya chingamos, pero en ese rato sentía que se me iba a salir un tiro. No sé, way, creo que sí salió bien. Espérame a que me calme, creo que voy a vomitar. Puta es que ¿qué hicimos? No, way, ya sé, pero me refiero a que… ¡futa, cabrón! Deja ver ese billelle… ¡Uuuujú! A huevo, papá, ¡a huevo!, No mames, ¡a huevo! Ve… aquí van… son de a quinientos, entonces aquí son cincuenta… no mames, way, ¡CINCUENTA MIL AQUÍ NADA MÁS! No, ‘pérate, entonces acá son cien… puta, cabrón… no mames, son doscientos cincuenta mil… ¿qué pedo? No, way es que no lo puedo creer, o sea: doscientos cincuenta mil en nuestra primer chamba, ¡A HUEVO! ‘Pérame, déjame le marco a Pao, se va a cagar, way, ya chingamos, papá, ¡ya chingamos!


“Un hombre no debe depender jamás de su armadura, así como jamás prescindir de ella”


El dolor de cabeza era intenso, pero sabía que tenía que actuar rápido. Sacó el celular y marcó. “Oye, cabrón, investígame un Pointer negro con placas “SCV 22-85″, sí, de aquí de San Luis”. Llegó a su casa y comenzó a calmar a su mujer antes de que ésta empezara a hacer el esperado escándalo. Le preguntó cómo fue y cogió el teléfono, a lo que él le hizo una señal y discutieron por un rato. Su esposa lloró de tristeza y lo besó muchas veces en la cabeza, en las mejillas, en los labios. Él prometió recuperar el dinero del viaje y salió no sin antes decirle a su esposa que la quería, que ella y sus hijas eran todo para él. Justo al salir recibió una llamada “Listo, patrón, ya los tenemos ubicados. Están en casa de un familiar del dueño del coche”, se subió a su camioneta del año y se quedó un momento pensando, suspiró y se fue de ahí. Cuando llegó a la casa de Paola, estaban ya varios de sus hombres afuera sin llamar la atención, de no haberlos conocido, seguramente no se habría dado cuenta de que estaban ellos ahí. “¿Cómo vamos a proceder, patrón?, ¿Cómo siempre?” le preguntó uno de ellos. “No, ni madres… a éstos nos los vamos a llevar para el rancho”. Sus hombres entraron y en menos de dos minutos salieron con Paola, su hermana, su primo y el amigo de éste amordazados y sin oponer resistencia. Los subieron a las camionetas y con los ojos vendados se los llevaron a un lugar a las afueras de la ciudad. No era un rancho, era simplemente una construcción entre los cerros, ideal para torturar a una persona hasta la muerte, sin oportunidad alguna de escapar. Al llegar, los golpearon durante media hora mientras “El Patrón” disfrutaba de su venganza sin demostrarlo. Pasada esa media hora, se acercó a cada uno de los ladrones y les dijo en voz baja “Sé que es una pregunta tonta, pero ¿para qué querían el dinero?” Ellos dijeron que Paola tenía a su hijo enfermo. Paola dijo que quería el dinero para irse para siempre de este lugar y comenzar de nuevo, sola, muy lejos, para jamás volver.

“Cristo es mi mejor amigo, aunque yo no lo sea de él”

Bueno me pidieron que presentara el tema de la semana y se me hizo tarde por andar compartiendoles cosas para que se entretengan un rato. Así que como su nuevo MC les digo ¡vamos a rapear, niggros!

Esa frase de allá arriba es de una película de Antonio Banderas de la que no quiero acordarme, pero por alguna razón no he podido olvidar esas palabras. No les vengo a hablar de Cristo Jesús nuestro Señor *se persigna mientras se pasa la hostia con cuidado de no masticar*, más bien eso de la amistad incondicional y no correspondida ha tenido un significado especial para mí. Dicen, y yo me niego a aceptarlo como una verdad auténtica, que en toda relación existe un cierto desbalance, que siempre hay un lado que jala más que el otro, que nunca falta uno que esté más interesado y ame más y se esfuerce y dé más de si. Dicen que es especialmente cierto en el amor.

Y bueno, la lección aquí es que de alguna manera no le puedes pedir a alguien que te deje de querer y se deje de preocupar por ti. Lo sé, a veces llega el momento de la separación y la vida sigue su curso. Pero el afecto no desaparece así tan fácil, de hecho es posible que no desaparezca nunca. Y aquí está uno, con mucho amor que dar y nadie que lo quiera *discretamente se limpia una lagrimita traicionera*

Ahora déjenme contarles una de las cosas que más me han gustado que alguna vez hizo mi mejor amigo (que prefiere permanecer anónimo por motivos de homoerotismo). Una vez en clase de formación humana en la carrera (tema que da para un extenso rant) nos pidió la maestra al final del curso entregar nuestros apuntes a manera de un cuadernillo personalizado que hablara de nosotros. Yo, en una mezcla de falta de creatividad, ilusión y desesperación le pedí a mi amigo  que si podía dibujar algo que me describiera, al tiempo que le pasé unas hojas blancas y unos crayones. Él dibujó a un niño volando un papalote en el monte. Flashback instantáneo apenas verlo.

-¿Qué, tanto haces en el escusado, muchacho?
-Nada, mamá.
-Si sigues allí, va a salir una culebra y te va a morder.
-Si mamá.
“Pensaba en ti, Susana. En las lomas verdes. Cuando volábamos papalotes en la época del aire. Oíamos allá abajo el rumor viviente del pueblo mientras estábamos encima de él, arriba de la loma, en tanto se nos iba el hilo de cáñamo arrastrado por el viento. ‘Ayúdame, Susana’. Y unas manos suaves se apretaban a nuestras manos. ‘Suelta más hilo’.
“El aire nos hacía reír, juntaba la mirada de nuestros ojos, mientras el hilo corría entre los dedos detrás del viento, hasta que se rompía con un leve crujido como si hubiera sido trozado por las alas de algún pájaro. Y allá arriba, él pájaro de papel caía en maromas arrastrando su cola de hilacho, perdiéndose en el verdor de la tierra.
“Tus labios estaban mojados como si los hubiera besado el rocío.”
-Te he dicho que te salgas del escusado, muchacho.
-Sí, mamá. Ya voy.
“De ti me acordaba. Cuando tú estabas allí mirándome con tus ojos de aguamarina.”
Alzó la vista y miró a su madre en la puerta.
-¿Por qué tardas tanto en salir? ¿Qué haces aquí?
-Estoy pensando.
-¿Y no puedes hacerlo en otra parte? Es dañoso estar mucho tiempo en el escusado. Además, debías de ocuparte en algo. ¿Por qué no vas con tu abuela a desgranar maíz?
-Ya voy, mamá. Ya voy.

Después de varios años y todavía no me recupero de la impresión ¿cómo carambas supo mi amigo que ese dibujo era adecuadísimo? Y estoy seguro que la maestra jamás entendió la referencia, si es que de veras revisó ese trabajo final sacado de curso de preescolar.

P.D. No es él el de la anécdota pero este post está dedicado a la memoria de mi ex best bro @elcrayon (nunca he sido bueno para rapear)

Looking back to my childhood

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