Trasegar

— Rece, porque lo voy a matar. Nadie va a venir ahora. No habrá testigos. Sólo Dios, quien me autorizó para hacerlo. Rece, si quiere, yo me quedo callado dos minutos y después le acabo de contar la historia completica.
— Baja esa arma y deja de hacer pendejadas. Es una orden, con esas cosas no se juega. A lo mejor está cargada y pasa algo de lo que puedas arrepentirte. Ven y dame un beso.
— Estoy hablando en serio. Rece, porque lo voy a matar.
— No entiendo —repitió el abuelo y comenzó a rezar.
— Ahora le cuento la historia, como le dije —dijo Augusto apenas pasaron los dos minutos de plazo—. Yo sí cumplo la palabra empeñada, no como hizo usted conmigo hace veinticinco años, con este mismo revólver.
— Ya déjate de maricadas, necesitas es un siquiatra. Dame eso, sírvete un whisky y discúlpate. Hace veinticinco años ni siquiera habías nacido.

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Solo para ella

Dedicado a Elisa Carlos.

De niña la regañaban por salir a jugar bajo la lluvia, por no amarrarse los cordones de los zapatos y por dormirse en misa. Para Elisa los adultos eran extraños, parecía que vinieran de otro planeta porque ¿cómo podían no ver la belleza que estaba en todas partes? A ella le encantaban las cosas simples del mundo, se podía maravillar al encontrar un árbol gigante, mirando las nubes o a los perros callejeros. Desde entonces ya le fascinaba saber que existía, más allá de donde se alcanzaba a ver a simple vista, un mundo entero de vidas secretas. Como levantar una piedra que no tiene nada de especial y encontrarse debajo un hormiguero. Nunca se sabe lo que se va a descubrir en los rincones olvidados y, si se tiene paciencia, se puede encontrar tesoros.

Conforme iba creciendo, Elisa se dió cuenta de que no cualquiera sabe apreciar esos detalles. Quizá lo hacían antes, en su infancia, pero era común que dejaran que se marchitara ese gozo, esa inocencia. Al principio le costó trabajo pero aprendió a guardar para sí aquellas pequeñas alegrías. Sentía que el mundo le llamaba en un lenguaje que requería tiempo y dedicación para entender. Todavía cree que a todos nos llegan señales pero pocos tienen la curiosidad de investigar de qué se trata. Al pensar en eso lo primero que le viene a la mente es un campo y el sonido de las cigarras, ocultas por ahí en alguna parte.

Tal vez por eso sufrió la primera vez que le rompieron el corazón. Fue la desilusión de haber creído encontrar algo especial, solo para sentirse traicionada. A veces, Elisa se ha preguntado si no sería más fácil rendirse, olvidarse de los pequeños secretos ¿no será toda eso que le gusta llamar “magia” algo insignificante? Lo dudó el día que murió su padre. Él había sido la única presencia constante en su vida que había compartido con ella muchas ocasiones de maravillarse, era quien nunca se había cansado de hablar con ella de esas cosas. Fue su padre quien le hizo notar lo diferente que es para cada quien volver a lugares de su pasado porque en todo rincón habitan recuerdos distintos para cada uno. Quizá debería enfocarse en el trabajo, “madurar” y buscar los placeres estandarizados que le ofrece la sociedad. Pero con el tiempo se dió cuenta que dejar de disfrutar de aquellos momentos, dejar de ver con nuevos ojos significa dejar que muera un reino lleno de sorpresas.

Lo pensó en el trayecto de camino a esta, la casa donde creció. Lo piensa ahora, al recorrer el pasillo por última vez y ver las habitaciones vacías de lo que fuera su hogar. Luce distinto así pero se percibe una calidez que solo se encuentra si sabes donde mirar. Se siente inquieta pero está bien, sabe que algunas cosas dejan su marca en nosotros pero es necesario dejarlas atrás. Recuerda la cicatriz en su pierna, de las primeras veces que quiso trepar un árbol. Al principio no lo tiene muy claro pero cree percibir un rayito de oportunidad. Va imaginando las posibilidades, no quiere pensar en esto como el día en que cortó con su pasado sino como el dia en que abrió los ojos para descubrir nuevos matices. Sonríe al salir y cerrar la puerta, Elisa ha aprendido que algunas cosas suceden solo para ella. No está saliendo de una casa vieja y necesitada de reparaciones, está entrando a un nuevo hogar, vasto, que la envuelve.

La fortuna oculta

Se internó en los viejos túneles de piedra que había descubierto en una playa cercana y que seguramente había construido algún pirata. Penetró con rapidez en lo profundo de la tierra, antorcha en mano, explorando el interior cuando distinguió una caverna. Entró en ella y encontró otro túnel. No se daba cuenta de que el pasillo era cada vez más pequeño, tanto que el techo le rozaba la cabeza. Llegó a una brecha que no conducía a ninguna parte y dio marcha atrás. Estaba seguro de haber seguido el mismo camino, pero no lograba encontrar la salida. La antorcha se consumió poco a poco mientras la desesperación se apoderaba de él. Luego se apagó y la oscuridad lo devoró todo.

Despertó sudando frío, con la cabeza hundida en un viejo libro de historia local. Estaba solo en la biblioteca. El guardia se le acercó y le dijo que era hora de cerrar. Salió a la calle y el cálido clima de la isla lo recibió con brusquedad. No se limpió el sudor de la frente porque todos sus pensamientos estaban en lo que había leído: era posible, la historia lo corroboraba, que en esos túneles hubiera oro enterrado ahí desde hacía cinco siglos. Una sonrisa retorcida iluminó su rostro al pensar que la suerte por fin le sonreía, por fin tendría su recompensa después de haber soportado toda su vida viviendo en esa isla olvidada de Dios. Lo primero que haría sería irse de ahí.

A la mañana siguiente y a pesar del mal sueño, decidió seguir adelante con sus planes. Subió lo que necesitaba a la barca y arrancó el motor. Pensó en el último momento en llevar una soga y partió unos minutos después. Desembarcó cerca de la boca del túnel y entró en él. Cuando fue necesario encendió la linterna, amarró la cuerda a una pesada piedra que enterró en el suelo, asegurándose que desde ahí se podía ver la entrada, y siguió adelante, marcando su camino con la soga. La humedad era abrumadora y el frío lo hizo dudar, no era como lo había imaginado pero por suerte tampoco se parecía a aquella pesadilla. Cuando la oscuridad se hizo mayor supo que ése era el lugar en donde se cruzaban varios caminos y se internó en uno de los pocos que no había explorado todavía. Sintió emoción, estaba seguro de que al final de ese túnel lo estaría esperando una fortuna. Pensó en lo que podría hacer con ella y en lo sencillo que había sido obtenerla. En realidad ya se consideraba afortunado, pues era increíble que en tanto tiempo nadie se hubiera dado cuenta de lo que había en esa cueva. Siguió caminando en la oscuridad y notó que el espacio era cada vez más reducido. No pudo evitar recordar el sueño, pero desechó esas ideas y fue más allá.

Estaba decidido a no dejarse detener por nimiedades como lo estrecho del camino o ese suelo gelatinoso y maloliente por el que tuvo que avanzar a gatas, seguramente no era más que un poco de guano de murciélago. De pronto vio que los muros eran distintos, parecía de piedra labrada y era evidente que el piso, de bloques de cantera, había sido plano alguna vez. Aguzó la vista y, buscando con el haz de luz de su linterna, distinguió una pequeña entrada que lo llevó a una habitación que parecía ser circular, formada por muchos segmentos cortos de muro recto. Al parecer la cámara no conducía a ninguna parte. Miró a su alrededor, examinó el techo pero no encontró nada. Buscó en el suelo y notó que las sombras insinuaban un contorno entre la arena. La apartó con las manos y se alegró al descubrir una tapa de madera podrida y herrería oxidada. Soltó la soga e intentó levantar la placa, pero se dio cuenta de que no le sería posible. Si tan solo fuera un poco más fuerte o trajera consigo alguna herramienta… Lo intentó una vez más y sintió movimiento debajo de ella. Escuchó que algo se arrastraba, hubo un estruendo y luego una ventisca. Tomó la linterna, encontró la cuerda a unos pasos de él y cuando la levantó el miedo lo invadió al ver que por más que jalara, la soga no se tensaba. Siguió recorriendo la cuerda en sus manos y descubrió que había sido desgarrada. Corrió y se topó con el muro, furioso lanzó la soga al suelo y empezó a recorrer la pared buscando la salida. Un momento después se encontró en el piso el mismo trozo de cuerda. No podía creerlo. Contuvo el impulso de gritar aunque daba igual: a esa profundidad nadie lo escucharía jamás. Trató de mantener la calma y empezó el recorrido otra vez. Entonces volvió a ver la soga y cayó de rodillas, horrorizado se dio cuenta de que la entrada se había cerrado para siempre.

Los últimos años de UXJ-3422

La unidad de exploración a Júpiter acababa de recolectar la suficiente energía luego de años de haber perdido las últimas reservas. Los problemas en misiones de este tipo están siempre presentes y con los recientes cambios en el sistema solar son incrementados exponencialmente en una línea que tiende al infinito aproximándose al punto del fracaso. La diferencia con UXJ-3422 es que no es como las demás unidades o sondas exploratorias que se han mandado a Júpiter en el pasado.

La primera evaluación a realizar luego de la reactivación es fijarse el objetivo y hacer un reconocimiento. La unidad evalúa sus últimas percepciones dentro de su memoria. Viajó durante 36 años de la Luna a Júpiter y su misión como nave de reconocimiento es enviar información sobre la superficie de Júpiter. Había estado enviando información durante 2 movimientos de traslación de Júpiter cuando percibió que la atmósfera había cambiado. Los gases de la atmósfera se hicieron más y más densos. Tan densos que parecía que todo Júpiter estaba cubierto por una capa sólida impenetrable. Al pasar los años y al no recibir más energía solar la unidad dejó de funcionar.

El hecho de su reactivación solamente podría significar que la atmósfera de Júpiter había regresado a su normalidad, pero no era así. Su atmósfera había cambiado al igual que la superficie, los gases que antes se encontraban como salvajes tormentas ahora descansaban en la superficie como un mar invisible. Pero lo que no podía comprender del todo era el por qué ahora el sol era más grande de lo normal.

Un evento de esta magnitud podría afectarle en su misión así que no pudo arriesgar a evaluar que se trataba de un efecto provocado por el cambio tan radical que sufrió la atmósfera que pudo haber durado por decenas, centenas o millares de años. No había manera de medir el tiempo cuando incluso su batería interna había dejado de funcionar.

Sus sistemas funcionaban a un 40% por lo que elevarse le costó casi el 90% de la energía que había almacenado y el doble del tiempo. El sol se había convertido en un gigante rojo, con ese tamaño la vida en la tierra y en la luna no podrían existir. Era el fin del hombre. Su sueño por colonizar el espacio no pudo llegar más lejos de su propia luna. Los únicos datos que la unidad tenía sobre este fenómeno es que ocurría durante un lapso de billones de años pero tras su activación y reactivación le era imposible e innecesario medir el tiempo.

Más importante aún era que su misión y su propósito carecían de sentido y durante otro par de años que permaneció como un satélite artificial de Júpiter así lo fue.

Las inteligencias artificiales en este tipo de naves y unidades están construidas para responder a problemas durante la misión y así aumentar sus probabilidades de supervivencia. Pero esto era diferente y ni las personas que inventaron y mejoraron la inteligencia artificial en este tipo de naves podrían predecir los eventos que se desenvolvieron los siguientes años.

La unidad voló hacia el satélite natural de Júpiter llamado Europa y recogió restos de otras naves de exploración más rudimentarias. Comenzó a añadirlas como parte suyas hasta que aumentó su tamaño 2 veces y se recubrió de celdas solares extra, adaptó otros motores a su sistema y usó parte de la memoria artificial y almacenaje de estos viejos y fallidos intentos de explorar esta luna de Júpiter que por tantos años se creyó habitable por el hombre.

Llegó un momento cumbre en el que por fin decidió que este no era su lugar, el sol de este sistema resultó ser impredecible y su única solución fue abandonar el sistema y vagar hasta encontrar un planeta habitable y seguro donde podría buscar un nuevo propósito. Al perder el propósito inicial y al pasar tantos años a la deriva, otros más reconstruyéndose y otros más buscando un propósito ya no era UXJ-3422 y se hizo consciente de su propia existencia y como su primer acto de una inteligencia tan avanzada que ya no más se podría considerar artificial decidió que su nombre no le gustaba y se llamó a sí misma “Alan”.

Alan apuntó sus paneles al gigante rojo y se impulsó a lo desconocido.

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