“I’d sell my soul for you babe; For money to burn with you…”

Estuve estudiando en colegios católicos durante 10 años de mi tierna infancia. Es por ello, y por mis fantásticos padres y entre otras cosas que creo que reafirmé muchos de mis valores.

(No nos metamos en complicaciones, las religiones son bonitas muletas morales, pero no profeso ninguna, ni creo en ningún dogma)

En algún momento de mi vida si sentí esa espinita por irme de monja, ser misionera, conocer África, ayudar gente…

Fue cuando escuché el concepto de “vocación” por primera vez, el “llamado” a hacer lo que te naciera, y que sería algo que harías con ganas, pues vendría natural.

Al pasar del tiempo, decidí que ser misionera no era mi vocación, la maestra de Literatura de segundo año de la secundaria me inspiró, y siento que le debo mucho. Decidí, tras una lección bastante larga sobre el Quijote de la Mancha, que quería ser escritora. Siempre he disfrutado mucho escribir.

Luego vino la prepa, puro desmadre, mi etapa darketa, puras decepciones, confrontaciones con el “realismo mágico”… decidí que necesitaba un trabajo de verdad, que muchos de los escritores que admiro son otra cosa, tienen otra profesión, que hay que sostenerse con algo más, porque a menos que seas muy constante, y termines siendo increíblemente exitoso, no puedes sobrevivir siendo sólo un escritor.

En clases de Orientación Vocacional nos hablaron de medicina, de derecho, de ingenierías…

Pero yo… soy una persona de letras, no de números, y adoro los libros. Fue entonces cuando, investigando por mi cuenta, me topé con una carrera abandonada: Lic. en Bibliotecología e Información. Apliqué. Entré, por supuesto. Hicimos examen directo 20 personas, y nos encajaron a 50 y tantos chicos de “reacomodo”, que quedaron a un pelo de sus carreras de elección, y no lo lograron.

La UASLP les dice que si entran de reacomodo (entonces era Biblio o Agronomía) segurito la próxima entrarían a su elección.

Lo único es que el primer año lo tomé para enamorarme de mi carrera. Era exactamente lo que estaba buscando. También fue un año de sentarme hasta adelante, y tomar notas obsesivamente, porque a los de reacomodo no les interesaba en lo más mínimo y no dejaban escuchar.

Claro que una de las maestras que ahora es una eminencia (y hay muchos casos) llegó de reacomodo rechazada de Estomatología, y se enamoró de la profesión.

Yo le veía muchísimo futuro a mi carrera; trabajar con INFORMACIÓN neta me fascinaba, las posibilidades son infinitas. No se trata sólo de trabajar con libros en bibliotecas, me estresaba cuando nos empezaban a hablar de como las “Nuevas Tecnologías de la Información” podrían darle un vuelco a la profesión, y la mayoría de mis compañeros no sólo no se inmutaban, sino que no sabían encender la computadora. Es algo que adoro. Computadoras. Y libros. E información. Y organizar cosas obsesivamente, aunque en mi vida personal soy un caos (añado la foto de mi escritorio en este momento para que se den una idea)

Los bibliotecarios somos como los ninjas… somos amos de todo, maestros de nada. Nuestro trabajo es saber un poquito de todo, pues tenemos que organizar toda suerte de información que llegue a caer en nuestras manos. Estar aprendiendo constantemente.

Tras una serie de circunstancias MUY duras (las cuales ya conoce Kurazaybo, y les platicaré en otra ocasión si les interesa) me tomó trabajar en un lugar donde mi empleadora me hacía miserable y luego me desechó como basura (si, el bendito Tec de Mty) y tres años para titularme.

Estaba toda oronda y contenta. ¡Al fin era una Licenciada, una Bibliotecaria titulada y con permiso para organizar información en donde me llevara el viento!

Terminé haciendo el trabajo que la mayoría de mis colegas mediocres quieren, y que no me hace muy feliz.

Sólo en 5 estados de la república existen escuelas para estudiar la carrera, yo estaba lista para migrar a donde requirieran mis servicios.

Las aspiraciones de mis colegas son, por lo general, agarrar una plaza en la misma UASLP para no irse lejos de casa, ¡qué miedo! Pese a que los salarios son miserables y los puestos muy disputados.

Un año de desempleo me forzó a tomar el empleo que tengo ahora.

El trabajo podría disfrutarlo y ser bueno; es mi “superior” lo que lo hace miserable. Es compañero de graduación. Terminó porque, pues tenía que terminar algo, lo que fuera. No está titulado. Y no me pregunten cómo consiguió el puesto…

Y no tiene vocación. El otro día tuvimos problemas porque decía que los libros en la bodega deberíamos venderlos por kilo a la cartonera. Y le expliqué las reglas de Ranganathan, a todo libro su lector, y a cada lector su libro. No se inmutó. Le dije que debíamos esforzarnos por hacer llegar ese material a alguien que lo necesitara, que era nuestro deber.

Así que lo terminé haciendo yo todo, como siempre.

No me malinterpreten, no le tengo miedo al trabajo duro, trabajo desde los 16 años, empecé cerilleando. Y soy algo workahólica.

Lo que detesto, es la gente que no respeta su profesión. Y peor, la gente que se dedica a un trabajo, sin vocación. Mi santa abuela decía, que “a fuerzas ni los zapatos entran.”

No lo sé. Espero que las cosas mejoren. Por el momento, tengo MÁS Y MÁS trabajo que me pone mi patrón, porque él no puede/quiere hacer.

Lamento no ser constante, no tengo mucho tiempo ni ganas para escribir. Sorry for the tl;dr.

“Threw you the obvious, and you flew with it on your back…”

No acostumbro guardar secretos.

Eso me ha ganado -afortunada o desafortunadamente- una posición de paria en los escasos círculos sociales donde llego a desenvolverme. Nótese, no soy buena para guardar secretos PROPIOS, pero para los de otros soy una tumba.

Soy la típica que carece de sutileza por decir las cosas llanas y directas. Al pan pan, al vino vino. Sobretodo en nuestro rancho potosino, donde a todos nos encanta la hipocresía. Tal vez mis padres me enseñaron muy bien eso de siempre decir la verdad, a tal grado que mi madre ahora se queja porque soy “muy literal” y no muy sutil…

Creo que eso ha afectado varias de mis amistades, y definitivamente no funcionó en mis relaciones amorosas, porque eso de “siempre vamos a decirnos la verdad” pues en realidad no es cierto.

¿Secretos propios? No creo tener. De hecho el título del tema quedó muy ad hoc a mi caso en particular; pregúntenle a Kurazaybo y al Nocivo. Creo que los maree cuando nos conocimos. Responderé cualquier cosa que me pregunten. Aunque queda en ustedes qué tan dispuestos estén a escuchar :P

Julianne Moore: un monumento de mujer

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Yo tengo dos que tres actores preferidos (no les voy a dar los nombres porque son metrosexales y van a pensar cosas gay feas de mí), pero en el caso de las actrices, me es muy difícil decidirme. Verán, un hombre puede ser horrible y aún así ganarse mi respeto con sus actuaciones; Forest Whitaker con sus ojos disparejos no me dejará mentir. Con las actrices me es más complicado decidirme. Es fácil dejarse llevar por las apariencias pero la verdad no es muy común encontrar la combinación de belleza y talento.

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La señora Moore es, sin duda, una de las excepciones. Yo la vi por primera vez antes de cumplir mis 15 primaveras en Jurassic Park 2 (película que requería cojones porque ¿cómo haces la secuela de la -hasta entonces- película más grande de todos los tiempos?), donde encarna a una paleontóloga muy cool. Confieso que a pesar de tener debilidad por las pelirrojas, no reconocí la belleza de esta gran mujer inmediatamente, fue poco a poco al pasar de los años que la fui viendo cada vez más fresca, natural y hermosa. Ha trabajado con los directores más importantes de Hollywood (Ridley Scott, Spielberg, Cuarón, los Coen y eso nomás por citar algunos) y no le tiene miedo a aceptar trabajar en secuelas y proyectos “dudosos”. No le temblaron sus seductoras piernas a la hora de sustituir a la chocante Jodie Foster en la secuela de “El silencio de los inocentes”, donde interpreta a una menos malcogida seria y mucho más carismática Clarice Starling.

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Con Julianne no importa que la película le de un papel secundario, como en “Children of men”,  o que además de eso el film sea malísimo, como es el caso de “Next” (donde por cierto ver a Nicholas Cage emparejado con Jessica Biel me causó un aneurisma, la peor pareja EVER). Ver a la Moore en es un placer, aunque salga en unos simples jeans roba cámara y hace suya cada escena en la que aparece, siempre tan guapa ella. Y claro, aquel desnudo que nos regala de vez en cuando como en “Blindness” sencillamente no tiene precio.

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A mi me da mucho gusto que la Señora Moore sea mamá, porque ya tiene un retoñito de lo más bonito que sin duda ha heredado por lo menos algo de esa singular belleza.

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JM

Obra negra (a.k.a. Telenovelita de la prepa a.k.a. Cibercuates)

Hace poco platicaba con un amigo sobre el triste caso de un conocido, antiguo compañero de la escuela. Hace varios (por no decir muchos) años estábamos los tres en el mismo salón. El conocido del que hablo de pronto comenzó a hacerme plática, luego a juntarse conmigo por motivos que hasta la fecha me son desconocidos. No fue nada sospechoso en realidad, creo que solo intentaba ser mi amigo pero nunca entendí el por qué. Las cosas iban más o menos bien, como es mi costumbre caí en el error de no buscar cosas que pudiéramos tener en común y no interesarme mucho en averiguar más sobre él. A mi siempre me resultó indiferente, la verdad. Pasó el tiempo, creo que dos semestres y las cosas seguían igual. Luego él se fue interesando en conocer a mi amigo. Supuse que se había propuesto conocer a todos los de nuevo ingreso, por así decirlo ya que él llevaba más tiempo en la escuela. Mi indeferencia fue cambiando hacia algo más positivo pues consideré que tener un nuevo amigo en común sería divertido y, aunque no tenía nada en particular a favor de esta persona, tampoco tenía nada en su contra.

Pero las cosas se fueron complicando, se nos ocurrió hacer equipo para el proyecto final de una materia y fue ahí donde empecé a notar cierta tensión. Él prefería a mi amigo, lo cual no tiene nada de malo y no sólo ya estoy acostumbrado a que eso suceda sino que además no suelo buscar ser el centro de atención (digan lo que digan mis n-migos) así que en cierta forma ya me lo esperaba. Al principio no me pareció nada extraño pero luego comenzó a hacer bromas y comentarios que denotaban que yo no le caía muy bien. También estoy acostumbrado a eso, no me preocupó en realidad pero me resultó muy incoherente.

Por aquel entonces nos habían introducido a un juego multiplayer que jugábamos a escondidas de los profesores en las máquinas del laboratorio de computación, el conocido ya lo jugaba desde antes así que tenía más experiencia y como la mayoría éramos (relativamente) de nuevo ingreso, él era la autoridad en la materia y designaba los equipos. Al principio todo estaba bien pero luego algunos de los compañeros con los que yo tenía mejor dinámica ya no coincidían en el horario. Pensé en hacer equipo con mi amigo pero este tipo siempre jugaba con él y a mi me dejaba en el otro equipo, que se había ido llenando de gente a la que yo conocía muy poco y creo que no lográbamos colaborar bien. En una ocasión le comenté al conocido que quería estar en su equipo, para variar un poco, aquí debo reconocer que a pesar de todo él siempre había formado equipos bien balanceados, además aunque mi amigo y yo nos especializábamos en armas distintas (él era francotirador y yo experto en explosivos), teníamos casi exactamente el mismo nivel así que se dio cuenta de que para que mi propuesta funcionara debería intercambiarme a mi por mi amigo. Mi petición no fue respondida en el momento, sino luego de un rato y de varias muecas indescifrables. Al final este compañero dijo “¿a fuerzas tienes que estar en mi equipo?” a lo que yo contesté “tú dime, ¿a fuerza tengo que estar en el otro?” Se hizo un silencio en el salón y no me contestó pero hizo los equipos como siempre. Eso fue a finales de semestre, para el próximo mi horario cambió y ya no tuve mucha oportunidad de jugar además ya estaba cansado.

Hubo dos incidentes de los que francamente no me acuerdo en qué momento ocurrieron y que, ahora que lo pienso, pueden haber tenido algo que ver, lo digo porque me he dado cuenta al pensarlo en retrospectiva pero considero que no son para tanto. El primero fue un programa con el que yo estaba experimentando que permitía tener acceso a una red inalámbrica vecina, crackeando la clave Wep. Esto en teoría ya que el método que yo seguía tomaba mucho tiempo y antes de terminar la operación mi familia contrató la banda ancha. El conocido también tenía el hardware indicado y noté que se interesó en lo que yo estaba haciendo. Mi amigo me comentó que este hombre le había pedido averiguar qué programa estaba utilizando yo pero sin que me diera cuenta (ya habíamos caído en el espionaje, caray), detalle que me confirma que la lealtad es un arma de dos filos. Yo con gusto le hubiera pasado todos los pormenores a mi amigo pero el software en cuestión era muy quisquilloso y de nada serviría sin los drivers pirata. en ese tiempo yo no sentía que hubiera mala fe entre el conocido y yo, por lo que supongo que esto ocurrió antes de lo del videojuego, de modo que acompañé a mi amigo a casa de este sujeto a que fotocopiara un libro mío porque él tenía una papelería. En esa ocasión saqué el tema del hack de las redes inalámbricas y probé instalándolo en la máquina de este sujeto pero los drivers no funcionaron, su hardware era muy reciente y mi programa algo antiguo así que habría que buscar otra opción. Poco después mi amigo me dijo que, a petición del conocido, lo iba a ayudar a crackear la red inalámbrica de su vecino y me preguntó si lo ayudaba. Fue una pregunta bastante extraña para mí, justo en ese tiempo me estaba dando cuenta de la mala fe del compañero así que muy a mi pesar le dije a mi amigo que no lo apoyaría. La primera y única vez que he dicho esas palabras, en verdad me fue difícil tomar la decisión (oh, inocente mentalidad preparatoriana la mía).

El segundo incidente fue tiempo después, cuando ya había pasado lo del videojuego y estábamos en el equipo del trabajo final. En la escuela se habían dado cuenta de que las computadoras estaban llenas de porquerías y de que el acceso a internet no se usaba para nada bueno así que habían bloqueado muchas cosas, entre ellas los puertos de los programas de descargas. Mi amigo y yo nos propusimos encontrar la manera de saltarnos el firewall, más como reto personal que por otra cosa, él intentó varias cosas que no funcionaron. Yo investigué un poco el asunto y encontré el método para que los datos pasaran de manera imperceptible por el puerto 80, tristemente se requería de un proxy y los que existían en esa época y eran gratuitos cortaban la conexión cada media hora. Le describí a mi amigo el método que utilizaba y lo que había que buscar y él lo encontró primero, un proxy con un enlace a velocidad decente sin interrupciones que aceptaba todo el tráfico por el puerto 80, pero requería instalar un programa cliente. Funcionaba a la perfección. Decidimos mantenerlo en secreto para conservar el ancho de banda y acordamos que como había sido mi amigo quien lo había descubierto, él conservaría el derecho de decidir con quien se compartía. Previendo lo que podría pasar le dije que seguramente el tipo este querría utilizarlo pero me contestó “no se lo merece”. Una vez mientras trabajábamos en el laboratorio en nuestro proyecto final, que ya era de por sí algo difícil, el conocido me vio abriendo el programa de descargas. En realidad en ese momento no estaba descargando nada porque justamente estaba probando un nuevo método para brincarse el firewall, que no estaba dando resultados. Yo supongo que ya me había visto descargando cosas porque inmediatamente saltó de su asiento y me preguntó cómo le estaba haciendo y yo le dije la verdad (al menos una parte de), que estaba probando un programa que no funcionaba y le mostré cómo mis descargas estaban detenidas. Él tomó el mouse y husmeó en la configuración (gran falta de respeto eso de tomar el control de una computadora ajena sin permiso) y constató había un proxy configurado pero que no trabajaba. Indignado volvió a su asiento.

Por ahí entre todo esto yo instalé un nuevo juego en varias máquinas, esperando refrescar un poco las tardes multiplayer. Mi juego corría bien a secas en las máquinas cuando era nadamás un jugador pero cuando entraban más se alentaba demasiado así que mi iniciativa no tuvo éxito. Pero pasó a la historia porque el conocido andaba pregonando por ahí que yo le había querido copiar la idea.

Falta mencionar que antes de todo eso me llegaron algunos chismes que él andaba esparciendo a mis espaldas, le comenté a una amiga de mi confianza que es muy buena con el trato a las personas, ella me confirmó lo que él decía y razonablemente me sugirió hablar con él. Al hacerlo lo único que él me dijo fue que así trataba a todos sus amigos y a toda la gente en general, no sé cómo podía considerar eso como un argumento en su defensa. La discusión fue bastante larga, recordemos que todavía lo consideraba un posible amigo, pero no se obtuvo ningún resultado. Supuse que tenía una manera de pensar muy rara y fue donde le empecé a perder el interés.

Así que luego de todo eso limité mi contacto con él. Creo que no dejó de esparcir los chismes. Hubo una vez en la que él también quiso aclarar algo conmigo pero no recuerdo qué fue, no le hice mucho caso. Lo último que pasó es bastante bizarro y nunca entenderé cómo pudo afectarle tanto. En una materia nos tocó hacer una exposición en el salón de cómputo, que era donde había proyector. Yo estaba juntando los archivos de PowerPoint de los que ya habían pasado y un dia este tipo me dio un diskette para que se los pasara, estábamos en clase y le dije que los tenía en mi casa, que ahí ya los había borrado. No me escuchó y se lo dije más fuerte, se fue en silencio.

Más adelante al salir de una materia me quedé esperando a mi amigo, salió pero se quedó platicando con el conocido, yo no me acerqué, esperando a que terminaran de hablar para irme platicando con mi amigo. Cuando dejaron de hablar vi que el sujeto se acercó a mi y me dijo que si podíamos hablar, no veía que pudiera salir nada bueno de eso. En síntesis me dijo que no le habíagustado como le había contestado la vez del diskette, que le había gritado y bla bla bla. Por lo visto se lo tomó demasiado personal. Fue subiendo de tono muy rápido y yo casi ni alcanzaba a responder nada. En ese momento me di cuenta de que solo tenía dos opciones: seguir batallando con él toda la vida o mandarlo al carajo. Pensé en contestarle que así era como yo trataba a todos mis amigos y a toda la gente pero nadamás le dije que yo no estaba para escuchar esas cosas, di media vuelta y me fui. Todo esto sucedió muy rápido, mi amigo apenas iba unos diez metros adelante en el pasillo y fui a alcanzarlo. Pero el conocido no entendió, me persiguió por tres pisos diciéndome que yo estaba mal y no sé que tantas cosas, se veía bastante alterado y ladraba algo sobre partirme el hocico. Le di la razón y tampoco le gustó ¿quién entiende a la gente? Me fui y no nos volvimos a hablar.

Él siguió trabando amistad con mi amigo, yo nunca tuve ningún problema con eso y la verdad me tiene sin cuidado, salvo por las ocasiones en que llegó a causar inconvenientes estúpidos. Por ejemplo una vez en que yo iba a ir a casa de mi amigo pero el conocido lo había invitado a comer y luego le iba a dar ride a su casa. Sería mucho más fácil ir los tres a comer y que el conocido nos dejara a los dos en casa de mi amigo pero ah no, tan sencilla cosa no puede ser.

Hay otros pequeños detalles que me faltaría contar, una vez fuimos a casa de un compañero a beber y el conocido estaba tomando fotos, yo había tenido un problema familiar el día anterior así que no andaba muy bien que digamos, salí en un par de fotos muy serio pero salía en el fondo, nisiquiera me habían tomado la foto directamente. El conocido no se cansó de echármelo en cara. En otra ocasión varios compañeros fuimos a almorzar a un puesto de tacos cercano, los famosísimos tacos de Doña Ilda que nunca entendí porque eran tan famosos, el conocido los tenía en muy alta estima. Esa vez me preguntó qué me habían parecido y pues yo les di una calificación de ocho, la presentación y poca variedad de salsas tuvieron mucho que ver. Él se sintió ofendido…

No sé cual sea la moraleja de la historia, aún hoy en día me llegan informes de que sigue diciendo pestes de mí. Últimamente he estado pensando en eso, tratando de aprender algo de lo que pasó y no cometer el mismo error de nuevo. No he llegado a mucho, creo que en algún momento el buscó una amistad (¿verdadera?) conmigo y por muchos pequeños malentendidos sintió que lo rechazaba… horriblemente. Creo que cuando sintió que le grité se afectó su “orgullo”. Mi amigo todavía lo ve con frecuencia, ha tenido oportunidad de conocerlo mejor y me dice que no le está cayendo muy bien, que es lo que podríamos denominar un “bully”. Platicando con algunos compañeros de aquella época es inevitable que salga el tema de vez en cuando y ahora me entero que mi conocido nunca habló de esto con nadie. Me doy cuenta de que está afectado, realmente no lo puede olvidar siendo que sucedió hace años. Y yo todavía no entiendo por qué.

Es muy cansado cuando algo así pasa, particularmente haber estado en la posición de mi amigo donde se tiene una relación en buenos términos con dos personas que no pueden estar juntas. Creo que este sujeto de alguna u otra forma quiere manipular a las personas, no sé qué pueda ganar. No me arrepiento de haberlo mandado al carajo y aún así todavía soy capaz de ver que hay algo bueno en él, como dicen por ahí toda persona vale algo. Muy a mi pesar nuestra amistad quedó en obra negra.

¿Y si no hubiera malentendidos?

Y… ¿si no fuera tan difícil sincerarse y admitir nuestros errores? ¿Sino pudiéramos simplemente aceptarnos y seguir adelante?

Porque a veces no hay intenciones ocultas.

Malentendidos en los internets

“Sliding doors”

Sliding doors” es una película rara de finales de los 90’s que aborda directamente el tema de “Si yo hubiera…”. Cuenta la historia de una mujer promedio, con su trabajo, su noviazgo y sus problemas, que un día tiene que tomar un tren. Entonces la trama se divide: en un universo, ella alcanza a subirse al tren mientras que en el otro, se le cierran las puertas corredizas, dejándola afuera. En universo llega tarde a su trabajo y es despedida, vuelve temprano a su departamento para descubrir que su novio la engaña. En el otro universo no sucede nada de eso. Es promovida en su empleo y tiene éxito, pero su relación de pareja es una mentira. O algo así, no me pidan detalles, hace más de diez años que la vi y ni es tan buena.

Lo que me llama la atención es que yo creo que es una cosa por otra: si no conseguiste el dinero/permiso para irte con tus compañeritos de viaje de graduación a Mazatlán en la secundaria, pues significa que te quedaste en casa o te llevaron al rancho a ver a tu abuelita. No dejaste de vivir experiencias, tuviste otras distintas, muy distintas tal vez pero que siguen siendo tuyas. No significa que hayas dejado de aprender o de crecer como persona, aunque quizá aprendiste cosas distintas.

Yo no dejé los estudios ni me rehabilité de las drogas (bueno, no todavía…) así que no es que pueda preguntarme qué habria sido de mi vida de perro si me hubiera/no me hubiera metido en esas cosas. ¿Qué sería de mi si jamás hubiera descubierto el rap? Pues estaría metido en la onda country o el punchis punchis o algo ¿no? No es que se te acaben las opciones a menos de que quedes atrapado en una isla desierta o contraigas una enfermedad terminal. Como dijera el papá de muchos “artistas” marca Televisa “aún hay más”.

En mi caso lo que si puedo preguntarme son cosas como “¿qué habría pasado si yo hubiera puesto antención en la clase de educación física?” Pues probablemente ahora no tendría la gracia de un accidente de trenes al intentar jugar algún deporte. Si hubiera escuchado más cumbias y norteñas como mis cmpañeros de la secundaria y prepa, seguramente medio sabría bailar y no le tendría fobia a los antros. ¿Si hubiera sido un niño normal y no me hubiera sentido mal al pedirle a mis papás que me compraran algo tan caro como un nintendo? Puede que a estas alturas de la vida compartiera esa afición a los videojuegos que la mayoría de mis conocidos tiene.

Detengámonos un poco en ese punto, que de alguna manera va relacionado con los otros. No es que yo le tenga apatía a los videojuegos, al contrario si me gustan y hay varias sagas que disfruto mucho. El problema viene, como en los deportes y el baile en el antro, a la hora de de entrar en modo multiplayer. Sencillamente no tengo el nivel necesario para ser ni un rival ni un compañero de equipo decente. Eso comúnmente defrauda a las personas que me “invitan” a jugar y lo pongo entre comillas porque con “invitar” me refiero a que me insisten lo suficiente como para que yo acceda a hacerles una demostración de mis discapacidades en la materia. No es que yo tenga un problema con ser lento y no entenderle al juego (me tomo como 7 horas de juego descubrir que en Halo llevas un escudo que se regenera solo) y perder constantemente, pero he notado que a mis amigos después de un rato les cansa y pierden el interés. La verdad no sé qué esperaban.

Y luego los nuevos títulos salen a carretadas, cuando apenas le estoy agarrando la onda a Gears of War 1 ya salió Bioshock 1 y 2 y “no te los puedes perder” y siempre voy a estar desactualizado y nunca voy a ser bueno en ninguno porque para empezar me da flojera terminar un juego ¿cómo quieren que acabe todos los que están de moda esta temporada?. Por eso mejor ya no juego videojuegos, a nadie le gusta ser el gordito que escogen siempre al último para ser parte del equipo. Esa es mi triste historia.

Debí suicidarme a los 16.

Solo para ella

Dedicado a Elisa Carlos.

De niña la regañaban por salir a jugar bajo la lluvia, por no amarrarse los cordones de los zapatos y por dormirse en misa. Para Elisa los adultos eran extraños, parecía que vinieran de otro planeta porque ¿cómo podían no ver la belleza que estaba en todas partes? A ella le encantaban las cosas simples del mundo, se podía maravillar al encontrar un árbol gigante, mirando las nubes o a los perros callejeros. Desde entonces ya le fascinaba saber que existía, más allá de donde se alcanzaba a ver a simple vista, un mundo entero de vidas secretas. Como levantar una piedra que no tiene nada de especial y encontrarse debajo un hormiguero. Nunca se sabe lo que se va a descubrir en los rincones olvidados y, si se tiene paciencia, se puede encontrar tesoros.

Conforme iba creciendo, Elisa se dió cuenta de que no cualquiera sabe apreciar esos detalles. Quizá lo hacían antes, en su infancia, pero era común que dejaran que se marchitara ese gozo, esa inocencia. Al principio le costó trabajo pero aprendió a guardar para sí aquellas pequeñas alegrías. Sentía que el mundo le llamaba en un lenguaje que requería tiempo y dedicación para entender. Todavía cree que a todos nos llegan señales pero pocos tienen la curiosidad de investigar de qué se trata. Al pensar en eso lo primero que le viene a la mente es un campo y el sonido de las cigarras, ocultas por ahí en alguna parte.

Tal vez por eso sufrió la primera vez que le rompieron el corazón. Fue la desilusión de haber creído encontrar algo especial, solo para sentirse traicionada. A veces, Elisa se ha preguntado si no sería más fácil rendirse, olvidarse de los pequeños secretos ¿no será toda eso que le gusta llamar “magia” algo insignificante? Lo dudó el día que murió su padre. Él había sido la única presencia constante en su vida que había compartido con ella muchas ocasiones de maravillarse, era quien nunca se había cansado de hablar con ella de esas cosas. Fue su padre quien le hizo notar lo diferente que es para cada quien volver a lugares de su pasado porque en todo rincón habitan recuerdos distintos para cada uno. Quizá debería enfocarse en el trabajo, “madurar” y buscar los placeres estandarizados que le ofrece la sociedad. Pero con el tiempo se dió cuenta que dejar de disfrutar de aquellos momentos, dejar de ver con nuevos ojos significa dejar que muera un reino lleno de sorpresas.

Lo pensó en el trayecto de camino a esta, la casa donde creció. Lo piensa ahora, al recorrer el pasillo por última vez y ver las habitaciones vacías de lo que fuera su hogar. Luce distinto así pero se percibe una calidez que solo se encuentra si sabes donde mirar. Se siente inquieta pero está bien, sabe que algunas cosas dejan su marca en nosotros pero es necesario dejarlas atrás. Recuerda la cicatriz en su pierna, de las primeras veces que quiso trepar un árbol. Al principio no lo tiene muy claro pero cree percibir un rayito de oportunidad. Va imaginando las posibilidades, no quiere pensar en esto como el día en que cortó con su pasado sino como el dia en que abrió los ojos para descubrir nuevos matices. Sonríe al salir y cerrar la puerta, Elisa ha aprendido que algunas cosas suceden solo para ella. No está saliendo de una casa vieja y necesitada de reparaciones, está entrando a un nuevo hogar, vasto, que la envuelve.

Les dije que iba a tener un perrito

Y lo primero que me preguntaron fue “¿Quién te embarazó?”

Les dije que iba a tener un perrito

No me filosofoques

Ok antes que nada, eso de allá arriba me lo dijo @elcrayon alguna vez que le hice demasiadas preguntas filosóficas y de principios. Pero creo que nadie de nosotros es ajeno a la experiencia de una persona que te sofoca con su plática, sus actos o su mera presencia.

Yo en lo personal rara vez he sentido necesidad, ya sea en la oficina o en reunciones sociales, de salir a “tomar aire”. Si acaso he tenido que detenerme un momento en medio de alguna actividad física para bajar un poco el ritmo de mi respiración. Supongo que es similar a lo que llaman “hiperventilación”. Y ya sé que es tomarse la cuestión demasiado literal. Aunque parece que se puede usar la palabra “respiro” para referirse a un descanso.

Una de las pocas veces que recuerdo haber tenido sensación de asfixia fue en mi primer día de clases, allá por los 80’s. En aquel entonces aún no era obligatorio cursar el kinder así que yo empecé en la escuela algo tarde y no sé exactamente el por qué pero cuando me dejaron en la escuela me puse muy nervioso y creo que no sin razón: realmente no sabía muy bien de qué se trataba todo eso o qué podría ocurrir. Y yo sentía que no podía respirar. De todas formas ese primer año de escuela me la pasé muy bien y me divertí mucho.

Toma 3

En mi cabeza la asfixia está muy asociada al ahogo, al menos no sabría muy bien decir cual es la diferencia entre los dos. Otra cosa que me viene a la mente es la ya un poco olvidada tragedia del Apollo I. Esta iba a ser la primer nave americana tripulada que saldría al espacio. Como detalle curioso, después del incidente con el Liberty Bell 7, misión suborbital en que el mecanismo de apertura rápida de la puerta de la nave se detonó antes de tiempo (y creo que aún no está del todo claro si fue una falla mecánica o humana), resultando en el hundimiento y pérdida de la nave en el mar, se decidió que el Apoll0 1 no estaría equipado con un dispositivo similar. El módulo de mando del Apollo 1 de hecho carecía de cualquier opción que permitiera su rápida evacuación, además de que la puerta fue diseñada para abrirse hacia adentro en lugar de hacia afuera, con lo cual sería necesario vencer la presión atmosférica interna para poder abrirla. ¿Alguien ya ve venir la tragedia? En una de las primeras pruebas de funcionamiento del módulo de mando, que nisiquiera incluía encender los cohetes ni nada que involucrara combustible, de manera repentina hubo fuego en la cabina. Oficialmente la causa nunca fue esclarecida.

Tres astronautas murieron dentro. Nos gusta considerar a estos mártires de la carrera espacial como astronautas, aunque nunca hayan alcanzado a despegar. La autopsia reveló que la causa de la muerte fue la inhalación de gases tóxicos, producto de la combustión. Los restos mostraron quemaduras de tercer grado en buena parte del cuerpo, en parte debido al uso de materiales flamables en los trajes, de hecho los trajes de dos hombres se derritieron y quedaron pegados juntos. Mucho tuvo que ver que en el interior de la cabina se hubiera cargado una atmósfera con una concentración elevadísima de oxigeno a alta presión que, aparte de hacer imposible abrir la escotilla desde dentro, tiene la cualidad de volver peligrosamente flamables materiales que a menor concentración de oxígeno y presión no lo son. Este detalle, por increíble que parezca, era prácticamente desconocido y jamás se tomó en cuenta.

Bueno, supongo que de alguna manera tenía que descubrirse… aunque ojalá no hubiera costado vidas humanas. El lado positivo es que se rediseñó todo para misiones posteriores y los gobiernos del mundo pueden pararse el cuello al decir “jamás hemos perdido a un hombre en el espacio”.

Otra asociación que existe en mi cabeza al respecto es entre la asfixia y la claustrofobia, que no es lo mismo pero la sensación es parecida a haber pasado mucho tiempo bajo el agua y tener la imperiosa necesidad del “tengo que salir de aquí”. No sé yo califique como claustrofóbico pero en ocasiones si me he sentido bastante incómodo en espacios reducidos.

Recuerdo vagamente una vez en que, hace muchos muchos años, estando en un balneario con mi familia, me descuidaron por un momento y yo, sin saber nadar, me fui hasta el fondo de la alberca (lo cual es raro porque normalmente uno flota un poco aunque no quiera, nadamás que no alcanza a respirar) y ahí me quedé un momento hasta que algún buen samaritano pensó “¿qué hace este niño aquí abajo?” y me sacó violentamente del agua. Yo tan tranquilo que estaba…

Quizá por eso, al final para mi siempre está como referencia aquella escena de “The Big Blue” con Jean Reno y Jean Marc Barr tomándose unas copas bajo el agua, para entretenerse en algo mientras se decide cuál de los dos es el campeón de apnea.

bigbleu

Quizá en imagen no tenga mucho sentido, aquí el video.

La fortuna oculta

Se internó en los viejos túneles de piedra que había descubierto en una playa cercana y que seguramente había construido algún pirata. Penetró con rapidez en lo profundo de la tierra, antorcha en mano, explorando el interior cuando distinguió una caverna. Entró en ella y encontró otro túnel. No se daba cuenta de que el pasillo era cada vez más pequeño, tanto que el techo le rozaba la cabeza. Llegó a una brecha que no conducía a ninguna parte y dio marcha atrás. Estaba seguro de haber seguido el mismo camino, pero no lograba encontrar la salida. La antorcha se consumió poco a poco mientras la desesperación se apoderaba de él. Luego se apagó y la oscuridad lo devoró todo.

Despertó sudando frío, con la cabeza hundida en un viejo libro de historia local. Estaba solo en la biblioteca. El guardia se le acercó y le dijo que era hora de cerrar. Salió a la calle y el cálido clima de la isla lo recibió con brusquedad. No se limpió el sudor de la frente porque todos sus pensamientos estaban en lo que había leído: era posible, la historia lo corroboraba, que en esos túneles hubiera oro enterrado ahí desde hacía cinco siglos. Una sonrisa retorcida iluminó su rostro al pensar que la suerte por fin le sonreía, por fin tendría su recompensa después de haber soportado toda su vida viviendo en esa isla olvidada de Dios. Lo primero que haría sería irse de ahí.

A la mañana siguiente y a pesar del mal sueño, decidió seguir adelante con sus planes. Subió lo que necesitaba a la barca y arrancó el motor. Pensó en el último momento en llevar una soga y partió unos minutos después. Desembarcó cerca de la boca del túnel y entró en él. Cuando fue necesario encendió la linterna, amarró la cuerda a una pesada piedra que enterró en el suelo, asegurándose que desde ahí se podía ver la entrada, y siguió adelante, marcando su camino con la soga. La humedad era abrumadora y el frío lo hizo dudar, no era como lo había imaginado pero por suerte tampoco se parecía a aquella pesadilla. Cuando la oscuridad se hizo mayor supo que ése era el lugar en donde se cruzaban varios caminos y se internó en uno de los pocos que no había explorado todavía. Sintió emoción, estaba seguro de que al final de ese túnel lo estaría esperando una fortuna. Pensó en lo que podría hacer con ella y en lo sencillo que había sido obtenerla. En realidad ya se consideraba afortunado, pues era increíble que en tanto tiempo nadie se hubiera dado cuenta de lo que había en esa cueva. Siguió caminando en la oscuridad y notó que el espacio era cada vez más reducido. No pudo evitar recordar el sueño, pero desechó esas ideas y fue más allá.

Estaba decidido a no dejarse detener por nimiedades como lo estrecho del camino o ese suelo gelatinoso y maloliente por el que tuvo que avanzar a gatas, seguramente no era más que un poco de guano de murciélago. De pronto vio que los muros eran distintos, parecía de piedra labrada y era evidente que el piso, de bloques de cantera, había sido plano alguna vez. Aguzó la vista y, buscando con el haz de luz de su linterna, distinguió una pequeña entrada que lo llevó a una habitación que parecía ser circular, formada por muchos segmentos cortos de muro recto. Al parecer la cámara no conducía a ninguna parte. Miró a su alrededor, examinó el techo pero no encontró nada. Buscó en el suelo y notó que las sombras insinuaban un contorno entre la arena. La apartó con las manos y se alegró al descubrir una tapa de madera podrida y herrería oxidada. Soltó la soga e intentó levantar la placa, pero se dio cuenta de que no le sería posible. Si tan solo fuera un poco más fuerte o trajera consigo alguna herramienta… Lo intentó una vez más y sintió movimiento debajo de ella. Escuchó que algo se arrastraba, hubo un estruendo y luego una ventisca. Tomó la linterna, encontró la cuerda a unos pasos de él y cuando la levantó el miedo lo invadió al ver que por más que jalara, la soga no se tensaba. Siguió recorriendo la cuerda en sus manos y descubrió que había sido desgarrada. Corrió y se topó con el muro, furioso lanzó la soga al suelo y empezó a recorrer la pared buscando la salida. Un momento después se encontró en el piso el mismo trozo de cuerda. No podía creerlo. Contuvo el impulso de gritar aunque daba igual: a esa profundidad nadie lo escucharía jamás. Trató de mantener la calma y empezó el recorrido otra vez. Entonces volvió a ver la soga y cayó de rodillas, horrorizado se dio cuenta de que la entrada se había cerrado para siempre.

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